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Estrategias de guerra: el juego apenas inicia

ESTRATEGIAS DE GUERRA: EL JUEGO APENAS INICIA


Las cortinas estaban cerradas y también la puerta. Solo la chimenea iluminaba la habitación y proyectaba su juego de luces naranjas y sombras sobre los objetos. Las fichas negras en el tablero apenas si se reconocían por el pequeño brillo que se reflejaba en sus siluetas. Las blancas, en cambio, estaban hechas de un material un poco más traslúcido que daba la impresión de contener leche en el interior. Por eso la luz las teñía como si ahora tuvieran una llamita de fuego por dentro.
—¿Y bien, señor? ¿De qué quería hablarnos? —preguntó al fin Enlil.
Los Generales franqueaban la puerta, tenían la espalda recostada a la pared y los brazos cruzados sobre el pecho. Ambos miraban al Emperador, que estaba sentado en una mesita circular delante de la chimenea. En la mesita estaba el tablero de ajedrez, con las piezas movidas; al otro lado del monarca había también una silla vacía, como si Kardan quisiera darle comodidad a su contrincante invisible.
—El mensaje de Adad fue claro: no se dejará controlar con facilidad. Me pregunto en qué están pensando él y Allena con todo este asunto de Sigurd. —Apartó la mirada del tablero y miró a Enlil justo en los ojos. Pero el General alzó los hombros y negó con la cabeza.
—No pude leer sus mentes en el banquete, Majestad. Han puesto un muro. Hasta la princesa… Me atrevo a decir que el de ella es más fuerte que el del príncipe. No tengo ni idea de qué planean.
El Emperador puso los codos sobre la mesa y juntó las manos como si rezara. Apoyó la frente en los puños y miró el tablero. Los estaba perdiendo. Los portadores comenzaban a rebelarse. Si no tenía cuidado no podría controlarlos por mucho tiempo más.
—Tenemos que vigilar más a los profetas —dijo al fin. Kardan movió una pieza de su adversario a la delantera y retrocedió una de sus propias fichas—. Es obvio que Adad pidió verlos hoy para formar una alianza pero no sabemos si la consiguió. Lo que sí me dijo es que Darius tuvo una visión que le mostró que Sigurd trabaja para los vanirianos. Ellos quieren a la niña y eso solo significa que debemos proteger mejor a los profetas. Cuando todo esto acabe ellos serán los que mantendrán la Casa Tonare en pie. —Miró de nuevo a Enlil y dijo—: Lamento que todo esto pase con tu hijo. De verdad que sí.
—No hay nada que lamentar, Majestad —le sonrió Enlil aunque los ojos no brillaban con la simpatía y alegría usuales—. Yo sabía en lo que me metía, sabía lo que le hacía a Darius. Ya es muy tarde para volver atrás. Ahora solo importan los resultados y él tiene que entenderlo. Algún día lo hará.
El Emperador asintió y agradeció de corazón el ánimo de Enlil. Lo último que necesitaban en ese momento era un remordimiento de consciencia que dejara libres a los profetas. No los podían perder, menos dejarlos sin la protección de Masca. Los aesirianos no podían perder a los únicos capaces de leer la Profecía y, por ende, asegurar la salvación.
—A este paso —continuó mientras miraba el tablero— perderemos la guerra. Debemos recuperar el Oeste. ¿Cómo están Dereck y Kael? ¿Podremos contar con ellos pronto?
—No, Majestad —respondió Sigfrid—. Ambos están graves y los doctores dicen que les tomará dos años recuperarse por completo. Quizá Kael no lo consiga del todo.
El Emperador movió a la delantera una de las piezas de su oponente y protegió otra de las suyas.
—Entonces, por dos años, debemos poner una guardia cerca de ellos. —Luego soltó la bomba—: Hay un espía en nuestras filas y si perdemos a Kael o a Dereck estamos en peligro de perder a Adad o a Allena. —Movió de nuevo las piezas del ajedrez—. Caballeros, estamos perdiendo pero un buen estratega prevé dos o tres resultados de un solo movimiento. Y yo soy el mejor estratega de todos.
Movió de nuevo las fichas, hasta que una de su adversario quedó rodeada por las piezas que representaban a los aesirianos y sus aliados.
—Los vanirianos enviaron a Sigurd por los profetas, pero ustedes se encargaron de frustrar sus planes. Ahora Sigurd está temeroso de los vanirianos y se enfrentó a mis sobrinos no para quedarle bien a Vanir, sino para tener suficiente poder para enfrentarse a él. ¿Me entienden? —Ambos Generales no respondieron. Sus mentes trazaban posibles soluciones pero las respuestas de Kardan siempre habían excedido sus expectativas—. Mientras nosotros tengamos ese poder de nuestro lado, aunque los vanirianos no sepan que en verdad no es nuestro, Sigurd y Vanir nos temerán. Juntos representan un peligro para nuestros planes, pero divididos son fáciles de destruir. Por ahora esperaremos a que Adad y Allena tengan suficiente poder. Después haremos que mi sobrina derrote a Sigurd.
—¿La princesa? —preguntaron los Generales a la vez.
—Sigurd se enfrentó a Adad y ya conoce sus movimientos básicos. Pero de lo que escuché, no puede saber de los movimientos de Allena si mi sobrina apenas lo enfrentó utilizando instinto y no conocimiento. Así que por ahora cuidemos las mejores fichas y dejemos que los peones trabajen. La próxima vez que Allena salga de Masca será para hacer picadillo al come-almas, así tenga que mandarla engatusada a hacer la tarea. —Los Generales asintieron, a la vez que el Emperador sonreía un poco melancólico al ver el tablero—. El juego apenas inicia.

****

—¿Y bien, Ae? ¿Qué viste? —preguntó la mujer de cabellos rosa y tez morena.
Su amiga se giró a ella y se apartó para mostrarle una gran esfera en la que ardía el fuego azul. Dentro del globo, y entre las llamas, se veía a un hombre mayor de cabello castaño claro y a un joven de cabellos negros discutiendo en una casa cerca de un lago.
—El hijo del General Tonare es una pieza algo inestable. Mucho potencial, mucho conocimiento, pero completamente aprisionado. Por venganza haría lo que fuera —respondió la mujer de cabellos verdes oscuros y ojos miel—. Además no tiene poderes, al menos no de ataque. Sería fácil ponerle a él y a sus hijos las manos encima. ¿Verdad, señor?
Las dos miraron hacia el trono en lo alto de la habitación de hielo, en donde una delgada figura esperaba oculta entre el juego de luces y sombras.
—Ya estamos en eso, mi Lemuria Aegis.
El hombre chascó los dedos. A la señal, la mujer de cabello rosa se acercó a una mesa y movió las piezas en el tablero de ajedrez. Luego la mangodria meditó un poco mientras estudiaba la posición de las piezas.
—¿Qué haremos con Sigurd? Si une fuerzas con los aesirianos tendremos problemas.
—Nada de qué preocuparse, Abi —dijo la otra mujer mientras una llama azul le aparecía en la palma de la mano—. Porque él sabe lo que puedo hacerle a sus preciosas almas. Ahora solo debemos preocuparnos por los profetas, porque si se alían con los aesirianos entonces no tendremos más opción que matarlos a todos. Hasta a la niña. Entonces leer la Profecía será un dolor de cabeza más grande de lo deseado.
Las tres figuras miraron de nuevo la gran esfera en la que ardían unas cuantas llamas de fuego azul. Darius y Enlil discutían en el recuerdo que Lemuria sacó del joven profeta. El rey vaniriano sonrío al ver la ira de Darius contra su padre. Con voz carraspeada susurró:
—Este juego apenas inicia. 

Este texto está protegido por Derechos de Autor
"Los Hijos de Aesir: Los Tres Dragones" © 2004-2017. Ángela Arias Molina

1 comentario :

  1. Sin lugar a dudas ha sido muy largo, pero no aburrido, nunca hubiera pensado que los profetas fueran jovenes, ni que darius estuviera destinado a derrotar a Enlil...me parece un personaje un tanto extraño, oculta un gran poder que le han arrebatado, pero su poder no radica solo en la magia sino tambien en el conocimiento...aunque hay algo que no entiendo...por qué odia tanto Darius a Enlil, si segun Adad es un gran hombre?
    Tienes una gran obra sin duda entre tus manos Angela, en un principio creí que cuando llegaran a Masca todo se veía mas claro, pero no es asi, el camino de los dragones sigue muy difuso y tan solo basta reponder una pregunta para que surjan muchas mas, y eso es algo que me gusta mucho.
    Algo que me ha sorprendido mucho tambien son todas estas historias y leyendas, en mi libro tambien hay muchas pero estan muy lejos de ser contadas.
    Sigue escribiendo que lo haces muy bien aunque no te lo creas!
    Lynkx.

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