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Epílogo

EPÍLOGO
«EL UNIVERSO SE ENCARGARÁ DE ELLO...»

La densa oscuridad del bosque y el frío de la noche les apretaron el pecho. Darius se detuvo exhausto y se sentó bajo un árbol. Si Sigfrid quería seguir corriendo ¡que lo hiciera solo! El General se detuvo unos segundos después, a veinte metros de él.
—No es que me importe pero no llegarás lejos en esas condiciones.
Sigfrid era muy orgulloso y testarudo así que no se sentó a descansar. Solo se apoyó a un árbol mientras intentaba calmar el ritmo de su respiración.
—Ya olvídalo. No los alcanzaremos. Es mejor buscar un ejército, que se supone que eres bueno para eso.
Darius alzó una ceja mientras miraba el desastre que era ahora el imbatible General Sigfrid Montag, alias el Demonio. Los dos estaban heridos, pero el militar recibió la peor parte de la explosión de Lahore, pues tenía una herida grave en la espalda que no dejó de sangrar durante los días que llevaba persiguiendo a los vanirianos. El brazo izquierdo tenía una horrible quemadura y el torso no estaba en mejores condiciones. Era un milagro que estuviera con vida. Pero ya Darius sabía que hierba mala nunca muere.
El profeta cerró los ojos. Estaba cansado y lleno del poder de Mark, que lo incitaba a dormir. Además, pasó casi nueve noches continuas siguiendo a Sigfrid, sin apenas descanso o comida. A la octava noche hasta los caballos se dieron por vencidos y se negaron a dar otro paso sin antes recibir la atención adecuada. «Y yo de tonto no me quedé con ellos. Seguro que si me devuelvo todavía estarán esperando».
Comenzó a quedarse dormido. Lo peor que podía pasar era que Sigfrid lo dejara atrás, y desde su punto de vista eso no era tan malo. Escuchó pasos y segundos después el General se sentó a su lado, también exhausto.
—Ella se sabe cuidar muy bien —dijo Darius más dormido que despierto. Aunque refunfuñaba por no haberse quedado con Ka-ren y los otros corceles, siguió a Sigfrid porque los dos estaban preocupadísimos por Sakti aunque ninguno lo admitió—. Apuesto que ya le ha dado un buen dolor de cabeza a esos vanirianos.
Sigfrid miró por el rabillo del ojo a Darius. El cachorro ya se había dormido.
—Eso espero… —susurró mientras también cerraba los ojos y respiraba profundo.
Jamás creyó que esa noche llegaría, pero deseaba dormir y descansar como la mayoría de los hombres. Quizá incluso soñar…
Pero cuando se estaba quedando dormido una luz que venía desde el Mar del Oeste los rodeó a él y a Darius. Los dos se sobresaltaron por el poder que les recorrió el cuerpo. Sigfrid se espabiló por completo y buscó la espada, creyendo que era un ataque. Pero cuando estuvo armado descubrió que la luz siguió su camino a lo largo del horizonte, con dirección al Este.
—Es como las mariposas de añil… —comentó pero Darius no le respondió.
Cuando Sigfrid observó al hijo de su amigo, descubrió que el muchacho dormía con la cara contra el suelo y las manos apretándole el pecho. Sigfrid no escuchó el mensaje de Set, pero para Darius las palabras del Virtuoso fueron fuertes y claras.


La habitación estaba casi a oscuras, aunque no faltaba mucho para el amanecer.
Enlil gritó el nombre de su esposa y abrió la puerta con tanta fuerza que hizo que los goznes saltaran. Entró preocupado al cuarto porque no sabía qué fue ese extraño resplandor que cruzó Masca y desapareció con dirección al Este. ¿Sería algún hechizo vaniriano? Después de la invasión la Capital estaba demasiado débil como para soportar más sorpresas.
Di estaba al lado de la ventana, con el rostro escondido entre las manos. Tenía un cabello largo y fino que parecía seda de noche. Quizá era demasiado joven para él, pero para los dos la diferencia de edad solo era un número. Cuando Enlil la alcanzó, Di se volvió a él y se refugió en sus brazos.
—La luz fue como las mariposas de añil —susurró ella—. Llevaba un mensaje.
—¿Lo escuchaste? —Di guardó silencio por unos instantes.
—Sí. Pero no creo que para mí signifique lo mismo que para ti. —Antes de que Enlil pudiera preguntarle a qué se refería, ella pasó los brazos alrededor de la cintura del General y lo apretó con fuerza—. ¿Podrías abrazarme así un poco más? ¿Antes de que te vayas a Palacio? —Enlil la besó en la frente con delicadeza, como si temiera romper una frágil muñeca de porcelana, y con el mismo cuidado la apretó contra él.
—Siempre.


Kardan tenía la mirada perdida en el candelabro de la Sala del Trono, mientras intentaba entender el susurro de Set. La luz también lo había tocado.
«A veces no lo entiendo, hermana», pensó. «Estos mensajes solo llegan a los aesirianos humildes… ¿Entonces por qué los puedo escuchar? ¡Soy un monstruo! ¡Los traicioné a ti a tus hijos!».
Se jaló del cabello con fuerza, a la vez que contenía el nudo que le iba a explotar en el pecho. Su hermana merecía más que lágrimas de traidor.
Siempre supo lo que les hacía. Adoraba a Istar, amaba a Adad y a Sakti, pero no podía dejar al Imperio a merced de la voluntad de los Dragones. Tenía que sacrificarlos, tenía que traicionarlos. De lo contrario los aesirianos permanecerían malditos. Dios hizo el Pacto con los profetas para que guiaran a los Dragones, y con el Emperador de la época para que se asegurara de que el Día Santo llegara. Ahora él se sentaba en el Trono de los Aesir y debía cumplir su rol, tal y como cuando se firmó el Pacto.
¿Se sentía mal por lo que le hacía a sus sobrinos? ¿Sentía remordimiento cada vez que les mentía? Siempre. Pero tenía que hacerlo. Por los aesirianos. Eso fue lo que Istar no entendió, lo que Adad y Sakti tampoco comprenderían. El Universo se encargaría de cobrarle las mentiras. Pero si era justo también le daría los frutos que esperaba.
También salvaría a los aesirianos.


Las arenas se estremecieron y se movieron al compás de la luz y el viento. Adad se cubrió los ojos para no encandilarse y se sacudió el cuerpo cuando el resplandor se fue. No estaba sucio, pero sintió la necesidad de limpiarse y alejar ese escalofrío que lo recorría de pies a cabeza.
—¿Y a ti qué te importa lo que yo elija? —gritó a la luz al otro lado del horizonte.
Estaba atardeciendo y debía prepararse para el frío. Adad suspiró y miró la arena teñida de rojo. «¿A quién quiero engañar? El Universo se encargará de cobrármelas todas. Pero aun así… yo elijo seguir escapando de ese estúpido destino».
Su espada estaba incrustada en la arena. El príncipe la blandió y esparció gotas de sangre alrededor. Sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón y limpió la hoja hasta que reluciera.
—El Universo les cobró haber invadido la tierra de mi padre —susurró a los cadáveres a sus pies—. Y también me hará pagar por haberlos matado. Algún día.
Guardó la espada e inició la caminata sin rumbo fijo, mientras pensaba en acabar con la invasión al Reino de las Arenas, volver a Masca, encontrar a su hermana y huir con ella a un cielo en el que nadie los molestara. La voz de Set resonó en su cabeza:

«Todas las acciones y decisiones que tomen tendrán su consecuencia tarde o temprano. El Universo se encargará de ello. Elijan con sabiduría, aesirianos…».

Este texto está protegido con Derechos de Autor.
"Los Hijos de Aesir: Los Tres Dragones" © 2004-2017. Ángela Arias Molina

Muchas gracias a Jennifer Asuka, Jimeneydas,Kair, Lynks,Brysa y Annie

2 comentarios :

  1. Ok tu finas si q fuee... sorpresivo.

    Sinceramente ya ni me acordaba de Darius y Sigfrid, con eso de Sakti y Mark en el contienente helado se me habia olvidado todo lo demas xD

    Me sorprendioo que incluso despues de su completa muerte Set haya seguido ayudando. Compadesco algo al emperador Kardan, a como quieras me di cuenta que no es que el sea un villano, sino que la situacion lo obliga a actuar de la forma en que lo hace.

    En cuanto Adad, me gustaria que cumpliera su sueño, pero esperemos que no tenga que pasar sobre muchas personas para lograrlo.

    En conclusion mia, me ha gustado este emmm... conclusion de blog. Incluso has logrado atar a este final varios cabos que habias dejado fuera, es decir, nos diste un rapido recuerdo de que existen los demas personajes, porq lo que era yo por lo menos tan entrada estaba en el continente de hielo que se me habian olvidado parcialmente los demas personajes. por cierto...!!! me alegra que mi amor Darius haya salido con vida ^^


    Y sobre la mangodria...ya caii en cuenta sobre ese tema, si ya me di color de que relacion tiene Darius con las mangodrias xD pero no hablare mas de lo que entendi por que mejor... hay que esperar!


    Cuidate, y sigue adelante y esperemos y no nos hagas tantos enredes en el siguiente blog eh!

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  2. Hola, Annie. ¿Pero de qué estás hablando? ¡Lo bonito de los enredos es des-enredarlos! He metido varias pistas, y dejado varios cabos sueltos para que en los próximos volúmenes se ate más la historia, y salgan nuevas revelaciones. Eso es algo que me gusta mucho de escribir ;)
    El Emperador Kardan siempre me ha caído bien. Como todos los personajes, tiene sus motivos para actuar como lo hace. Incluso Sigfrid y Enlil actúan en contra de los Dragones, pero no porque les dio la gana, sino porque tienen que hacerlo. ¿Quién más se encargará de que la Profecía se cumpla si ellos no hacen algo al respecto?
    Y Adad...él nunca me ha parecido un muchacho que le guste aplastar a otros con poder para alcanzar lo que quiere. Él es en realidad una persona amable. Creo que, más bien, está asustado de cumplir con la Profecía y eso lo hace actuar como hasta ahora lo ha venido haciendo. Pero no quiero forzarlo mucho. Lo más natural es que alguien con su personalidad sufra mucho por estar matando gente solo para alcanzar su sueño, y pobrecito. Me da algo de pena.
    Y sí...creo que Darius merece todo un club de fans...Su popularidad me ha sorprendido mucho aunque desde el inicio dije que él era mi personaje favorito n_nU
    Muchísimas gracias por haberte leído TOOOODO este primer volumen tan nefasto. Espero editarlo, y que sea digno de tu paciencia y la de otros lectores :)
    Nos vemos en los próximos capítulos XD

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