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Capítulo 15

15
MORDIDAS



La noche ya había caído cuando salieron del pasadizo. Ninguna luz iluminaba los pasillos de la fortaleza. Aunque había muchas estrellas no veían bien porque había luna nueva. Ajustaron la visión para arreglárselas en la oscuridad pero no pudieron percibir muchos detalles. Además, si se esforzaban más en enfocar las cosas alrededor sus ojos terminarían reflejando la poquísima luz que había en el ambiente y parecerían unos gatos escurridizos. Aunque no pudieran ver bien, lo mejor era que nada en ellos alertara a los invasores.
—Diablos… —susurró Sakti—. Si los niños estuvieran aquí habrían visto esto.
—Tú fuiste la que sugirió que…
—Sí, ya lo sé —cortó la princesa—. Ya lo sé.
Se arrepintió de haberle metido la idea en la cabeza a Darius de dejar atrás a Dagda y a sus hermanos, y supo que sus dos compañeros también. Si los chicos se hubieran quedado con ellos habrían notado a primera vista que la base militar Norishka fue vencida.
Aunque no pudieron verlas en la oscuridad, supieron que las calles estaban teñidas de sangre y que el hedor provenía de los cadáveres aesirianos esparcidos por doquier. Antes no los vieron porque los kredoa los engañaron: además de simular una Norishka limpia, también se hicieron pasar por soldados aesirianos para llevarlos directito a la trampa. Sakti estaba furiosa por no haberlo previsto antes.
—Tendremos que avanzar —les dijo Dereck—. Si todo es como los planos que vi en Masca, Norishka debe de tener un muelle un poco más abajo.
—Tonto —le susurró Darius—. Estamos en un risco, es imposible que haya un muelle seguro aunque bajemos un poco más. Las olas revientan con fuerza y hay rocas por doquier. Ningún barco podría llegar aquí.
Dereck no le respondió. Se concentró en percibir algún movimiento, una pisada, una palabra, pero la noche estaba oscura y desierta. O eso parecía. Tenían que echar a correr ahora. Dio la señal y Darius y Sakti lo siguieron. El Guardián avanzó con los brazos extendidos para detener a sus compañeros en caso de que percibiera problemas.
No escuchaban a los vanirianos. Solo el constante sonido del agua que se hacía más fuerte entre más bajaban por una ladera enlosada que llevaba al muelle. Las olas rompían con tal fuerza que Dereck temía que de un momento a otro sus bramidos se convirtieran en los de groliens, si es que había alguno por allí. Agudizó más la vista cuando sintió que las suelas de las botas comenzaban a resbalar por la superficie mojada con agua de mar. Incluso con la oscuridad distinguió las formas de tres barcos. Lo malo era que necesitarían una tripulación enorme para poder mover uno. Solo tres personas no serían suficientes.
—Espera —le pidió Darius y Dereck se detuvo. Todavía tenía los brazos extendidos, de manera que sus compañeros lo tomaron de la mano para no separarse en la oscuridad—. ¿A qué te huele?
Era difícil saberlo. Tenía las fosas nasales tan impregnadas del hedor a sangre que no podía distinguir un aroma distinto a ese. Sin embargo, se esforzó. Olió la sal en el ambiente, la gran cantidad de sangre y podredumbre, pero había algo más. Algo que le recordó a fango.
—Es una poza —susurró él. Dio un par de pasos con cuidado, hasta que una de sus botas se hundió en el agua. El soldado la retiró de inmediato—. ¿Qué hace una poza aquí?
—Conozco este olor —dijo el profeta—. No podemos caer en la poza, ¿de acuerdo? Solo llévanos al maldito barco. —Dereck avanzó con cuidado para rodear el charco, pero al instante se dio cuenta de que era inútil. ¡Allí había más de una poza!
—¿Qué te preocupa tanto? —preguntó.
—Este tipo de pozas se crea cuando la marea baja y en ocasiones deja…
—… Sanguijuelas marinas.
Sintieron un escalofrío al escuchar la nueva voz. Los tres se soltaron y giraron. Desenvainaron las espadas y las usaron en la oscuridad, pero supieron que solo cortaron aire.
—¿Quién quiere nadar primero? —agregó con burla la voz.
Sakti se esforzó por agudizar la visión, pero fue inútil. No pudo ver absolutamente nada. Instantes después escuchó un golpe y uno de sus compañeros gimió y quedó sin aire. Luego escuchó el chapoteo cuando alguno de los dos cayó al agua, aunque Sakti no supo quién estaba en la poza.
Estuvo a punto de llamarlos, pero en ese momento alguien le pateó el abdomen y la lanzó hacia atrás. Intentó contener el poco aire que le quedaba en los pulmones para así reponerse rápido de la caída. En lugar de caer al agua aterrizó en algo extrañamente blando que flotaba en la poza.
—No te muevas —le susurró Darius, que había caído primero—. Trata de no moverte. Estas cosas jamás te han mordido y no es momento para que lo hagan.
Sakti quiso preguntarle a qué se refería pero en ese momento sucedieron muchísimas cosas alrededor. Primero escuchó la espada de Dereck, que chocaba contra otras armas a la orilla de la poza. La mayoría de las veces el Guardián solo cortaba el aire, pero eso no lo desalentaba a seguir luchando.
La princesa entendió sobre qué cayó: más cadáveres. Los cuerpos ya estaban algo inflados por el agua, pero eran suficientes como para remedar una balsa macabra que evitó que ella se sumergiera. Darius flotaba cerca pero se mantenía inmóvil. No pataleaba, ni siquiera intentaba subir a los cadáveres. Tampoco hablaba. De un momento a otro gimió incómodo y apretó los dientes.
—Oh, cielos, sí hay sanguijuelas aquí.
—Darius…
—Shhh… —la calló con suavidad—. Escúchame. Pase lo que pase no te preocupes por mí. Yo estaré bien. Si te mueves, gritas o intentas sacarme del agua, solo empeorarás las cosas. Por más que estos bichos me muerdan su veneno no me dañará, así que…
—¿Tienen veneno? —preguntó ella con un hilo de voz.
Darius iba a explicarle que todo estaría bien pero algo le rozó la pierna así que calló. En ese momento, la espada de Dereck chocó con otra con tanta fuerza que creó chispas brillantes. Con la luz de los destellos, Sakti vio los contornos del Guardián, los de los cadáveres y a Darius, que estaba inmóvil. También reconoció un gusano negro y gordo que hacía ondulaciones en el agua.
La muchacha contuvo el aliento.
—Recuerda, no te preocupes por---
Algo jaló a Darius hacia abajo. Sakti gritó su nombre, pero no pudo ver nada más: ni a Dereck, ni el agua, ni la orilla, ¡nada! Por suerte otra vez las espadas de Dereck y su oponente soltaron chispas, y la princesa vio que varias sanguijuelas marinas subían a la superficie.
Entonces se le ocurrió una idea. No podía creer que fuera tan estúpida como para olvidarse de la piroquinesis. De hecho, a cada rato se le olvidaba que podía hacer miles de cosas con sus poderes. ¡Sencillamente no tenía imaginación! Se concentró y formó una esfera de fuego, que apareció a cinco metros por encima de su cabeza para iluminar alrededor.
Además de ver a todas esas sanguijuelas, que se movían como locas sobre la superficie del agua, vio también a Dereck. El aesiriano luchaba con ferocidad pero sus oponentes eran invisibles. O eran kredoa muy bien instruidos en el combate u otro tipo de vanirianos disfrazados con las ilusiones de los hechiceros del País de Hielo.
Mientras luchaba, Dereck miró por encima del hombro a Sakti; se percató de que la chica estaba bien y que además estaba sobre el camino que los sacaría de allí. El Guardián se esforzó en repeler a todos los enemigos. Cuando creyó que los apartó una buena distancia, tomó impulso y saltó hacia la balsa de cadáveres. Los cuerpos se hundieron un poco por el peso del soldado, pero Dereck consiguió mantener el equilibrio.
—¿Dónde está Darius? —Antes de que Sakti pudiera decir que las sanguijuelas se lo llevaron, el profeta subió a la superficie y se sostuvo a uno de los cadáveres.
—Diablos —susurró—. Sí me mordieron. —Darius tenía una mano llena de sangre. Sakti se acercó a él para ayudarlo a subir, pero el mestizo la detuvo—. Todavía tengo unas encima.
Gracias a la esfera de fuego que brillaba sobre ellos, la princesa vio que Darius estaba rodeado de sanguijuelas. Aunque eran gordas, también eran largas y se enroscaban a él poco a poco.
Escucharon el silbido de varias flechas. Sakti no estaba lista para recibirlas, pero Dereck se colocó delante de ella y Darius. Con la espada se encargó de desviarlas. A pesar de que no podía verlas –al parecer, el hechizo de invisibilidad aplicaba también con los proyectiles–, el soldado adivinaba en dónde estarían porque pillaba la vibración que hacían en el aire antes de caer.
—Tenemos que irnos —susurró el Guardián—. Los cadáveres forman un buen camino por esta poza. Si nos apresuramos podremos llegar a la otra orilla y escapar por ahí. —Después miró a Darius, que jadeaba como si le costara respirar—. Sáquelo, Alteza. ¡Ahora!
Antes de que Darius pudiera detenerla, Sakti lo tomó de la mano y lo jaló con todas sus fuerzas. Al principio pareció que lograría sacarlo de la poza, pero luego Darius se sumergió de nuevo. Sakti intentó evitarlo pero fue inútil.
—¡Deja de jalar! —le pidió el profeta. Arrugó mucho la cara y se le marcó una vena en la sien a causa de la presión—. ¡Me están apretando!
Las sanguijuelas se habían pegado más a la ropa de Darius. Lo tenían enroscado, igual que una serpiente atraparía a un conejo. Sakti comprendió entonces por qué Darius intentó mantenerse inmóvil y callado: entre más se moviera, más fuerza aplicarían los gusanos chupa-sangre. Sakti también se dio cuenta de que las sanguijuelas eran ciegas, pues no tenían ojos. Pero como ella jaló a Darius los bichos sabían que había alguien allí que quería quitarles la presa.
Las sanguijuelas jalaron más fuerte a Darius hasta sumergirle la cabeza. El profeta apenas tuvo tiempo de tomar una buena bocanada de aire. Sakti lo sostuvo porque temió que esta vez no pudiera regresar a la superficie, pero los dedos se le resbalaban, ¡las sanguijuelas se lo llevaban! Pero si no lo soltaba los bichos apretarían con más fuerza y asfixiarían a Darius de todas formas.
No pudo pensar en una solución. Los dedos de Darius resbalaron entre los suyos, el profeta se sumergió con un chapoteo y ella cayó de espaldas sobre los cadáveres.
—¡Dereck! —lo llamó. El Guardián tuvo que tomar una decisión muy apresurada.
—¡A los barcos, Alteza! La alcanzaremos pronto.
Sin decir ni una palabra más, se lanzó al agua. Sakti miró por un instante las ondas que se formaron en la poza. Un segundo después escuchó el silbido de las flechas, que ahora se dirigían a ella sin que nadie las detuviera. El instinto se encargó de lo demás y ella se quitó justo a tiempo.
Como no podía ver los proyectiles, y no era tan diestra como Dereck para adivinar en dónde caerían, Sakti solo podía retroceder de espaldas. No quería separarse del sitio donde vio por última vez a sus compañeros y también tenía miedo de dar un paso en falso, salir de la balsa de cadáveres y caer a la poza.
¿Qué haría? ¿Esperarlos? Si se quedaba allí tendría una gran desventaja porque no podía ver a los enemigos. Por otra parte, quizá Darius y Dereck la necesitarían para escapar de las sanguijuelas. Aunque, pensándolo bien, ¿podría ayudarlos si se quedaba? ¿Cómo podría asistirlos para que subieran a los cadáveres y a la vez desviar las flechas? No, claro que no podría.
«Lo único que puedo hacer es distraer a los vanirianos. Hacer que se concentren en mí y se olviden de Dereck y Darius». Eso significaba escapar. Dio media vuelta y echó a correr, saltando sobre los cadáveres y moviendo a la vez la esfera de fuego sobre su cabeza para iluminar el camino. ¿Cómo era posible que los cadáveres formaran un camino sobre la poza? ¿Y qué tan extenso era ese charco?
Corrió y corrió, a la vez que escuchaba las flechas que caían justo detrás de ella. Si se hubiese detenido por un instante la habrían atravesado. Sakti avanzó un buen trecho, pero sin importar cuánto se alejara los proyectiles todavía la cazaban y ella no distinguía la otra orilla ni siquiera con el fuego.
«¡Apaga la luz!», susurró una voz familiar en su mente, aunque no se trataba del Dragón. «Ellos tampoco pueden ver en la oscuridad. Con el fuego les facilitas el blanco».
«Pero si apago el fuego no podré ver el camino. Si doy un paso en falso me hundiré en la poza y las sanguijuelas…».
No tenía caso quejarse. Sabía que la misteriosa voz tenía razón: debía apagar la luz y ajustar su visión a la oscuridad. Así que aumentó la intensidad del fuego para ver cuántos metros más de cadáveres la sostendrían y después extinguió las llamas. Corrió a oscuras, aunque sabía que todavía le quedaban unos treinta metros de cadáveres. Después… no lo sabía. Podía ser que el camino de cuerpos se extendiera un poco más o quizá solo habría agua. Era cuestión de suerte.
«Debo ajustarla», pensó. «¡Debo ajustar más mi visión!».
Sakti concentró energía en los ojos. Sabía que los aesirianos podían ajustar la visión nocturna, pero esta habilidad dependía de la edad del mago y de cuántas transformaciones había sufrido. Era como Enlil se lo explicó una vez: la transformación es asimilar habilidades y partes nuevas del cuerpo.
Por eso, ella y Darius eran menos diestros que Dereck para ver en la oscuridad aun cuando la princesa ya había tenido una transformación incipiô. Sakti sabía que la suya era la forma de un Dragón. Ya que la visión de esas criaturas era legendaria, ¡no debía de tener problemas en ver si se esforzaba!
«Más, más, ¡más! ¡Necesito ver más!».
Todavía estaba oscuro pero comenzó a ver los contornos de los cadáveres a sus pies. Cuando se exigió un poco más apreció mejor las ondas en el agua y un destello en la superficie, que debía de ser el tintineo de las estrellas. Antes no lo pudo ver.
«¡MÁS!».
Distinguió algo blanco, que debía de ser la corona de espuma que se alzaba en el aire cuando las olas chocaban contra los riscos. Estaba segura de esto porque escuchaba el rugido del mar. Luego también reconoció un nuevo contorno, que corría de horizonte a horizonte frente a ella. Por encima de esa franja distinguió más espuma. ¿Qué significaba eso? Todavía no podía ver lo suficiente como para saber hacia dónde se dirigía.
«Debes saltar», escuchó de nuevo en su cabeza pero no era el Dragón. «Salta, Allena, por Dios. ¡SALTA!».
«¿Pero cuándo?», se preguntó. La voz no se dignó a responderle. En todo caso, ¿por qué debería hacerle caso?
Apretó los ojos porque le dolían. ¡Diablos! Sabía que era grave forzar la vista cuando el cuerpo todavía no había sufrido suficientes transformaciones, ¡pero nunca imaginó que sufriría las consecuencias tan pronto! No, ahora no era momento para pensar en eso. Debía escapar, salir con vida de esa peliaguda situación y ayudar a Dereck y Darius tan pronto como le fuera posible.
Abrió de nuevo los ojos con la esperanza de distinguir algo nuevo. Vio el contorno horizontal y la espuma, pero no sabía a dónde se dirigía. Sin embargo, pronto notó que había algo sobre el contorno. ¿Qué era? ¿Una nata, mancha? No, parecía neblina… aunque tampoco se trataba de eso. Era una especie de luz muy tenue, casi imperceptible, que interrumpía levemente la oscuridad.
Sakti miró esa «neblina», tan débil que no podía alumbrar alrededor, pero que aun así era tan… placentera. Se sintió como una idiota porque deseó estar al lado de ese extraño vapor. Más que la luz que emitía, sentía en ella una presencia cálida y alentadora. Era casi como si se tratara de una persona.
Tal vez no era nada. Tal vez era una ilusión creada por sus ganas de distinguir algo. O quizá era un desperfecto de su visión después de forzarla tanto. De todas formas deseó que a ese vapor le crecieran brazos y la rodeara con ellos.
Cuando estuvo a unos metros de alcanzar la neblina, Sakti saltó sin proponérselo, apenas consciente de que estaba un poco desesperada.
¿Qué esperaba? ¿Que de verdad a esa neblina le crecieran brazos para sostenerla? En ese momento se dio cuenta de que caía. Sus pies no tocaron la balsa de cadáveres, ni el agua, ni ninguna roca, sino que comenzaron a descender como si…
«… he llegado al borde del risco».
Iba a caer al mar.
Dos pares de manos la tomaron de los brazos y la jalaron hacia arriba. Su visión se agudizó tan de repente que sintió cómo se le dilataban las pupilas para ver mejor. Eso la ayudó a reconocer un par de rostros que eran el mismo.
—¿Dagda? ¿Airgetlam?
Los gemelos terminaron de levantarla y la arrastraron lejos de la orilla. De haber caído habría terminado en una caverna. El mar estaba a unos metros a su derecha, pero el agua se filtraba en el interior del risco gracias a varias estrías en la roca que, además de permitir la entrada del agua a cuevas submarinas, alimentaban pozas como la que Sakti acababa de recorrer. La princesa estuvo a punto de caer en una de esas grandes estrías.
—No. Airgetlam y Dagda. ¿Cuándo demonios vas a poder reconocernos, Allena? —la regañó uno de los hermanos.
—¿Qué hacen aquí? —Reparó en que la voz que antes le pidió que saltara era muy similar a las de los chicos—. ¿Cómo podían ver con esta oscuridad?
Airgetlam se señaló los ojos. Usualmente eran azules zafiro, pero ahora brillaban de un color verde esmeralda.
—El estúpido de tu padrino nos encerraba en las mazmorras una vez a la semana y colgaba la llave de la puerta en lo alto de la habitación. Teníamos que encontrarla para salir por nuestra cuenta.
—Eso nos enseñó a agudizar la visión, pese a no haber pasado por una transformación —concluyó Dagda—. Odiábamos esa práctica ¡pero vaya que resultó útil!
Sigfrid podía ser un maestro sádico, pero Sakti se alegró de que se encargara de que la lección fuera aprendida sin importar qué.
—Allena, tus ojos son diferentes. —Esa era la voz de Connor.
Sakti se esforzó pero le costó más trabajo reconocer al más joven de los profetas. Los ojos del muchacho no brillaban y Connor sostenía un extremo de la camisa de Airgetlam para evitar perderse en la oscuridad. Era muy joven y no tenía entrenamiento militar. Ver en una noche cerrada era todavía imposible para él.
—Están muy amarillos y brillan —siguió él—. Como los de una serpiente.
—¿Forzaste mucho la visión? Eso te acarreará problemas después.
—¡No quiero escuchar eso de ustedes tres! —Sakti se incorporó y no dejó que los hermanos la imitaran—. ¿Qué rayos están haciendo aquí, poniéndose en peligro? Se suponía que estarían con su abuelo. ¿Se escaparon?
—Bueno…
—¡Típico! No son más que un puñado de niños que hacen lo que les da la gana sin pensar en las consecuencias ni escuchar a sus mayores. ¡Hay una razón por la que los dejamos atrás! ¿Es que no entienden que---?
—Entendemos —la cortó Airgetlam—. Tú, papá y Dereck solo quieren cuidarnos, asegurarse de que nada malo nos pase. También les preocupa que los vanirianos se den cuenta sobre nuestra abuela. Pero han olvidado algo de suma importancia. —Gracias a que había alcanzado su máxima visión, Sakti distinguió una sonrisa pícara en el rostro del gemelo. Imaginó que una chica más joven y boba se habría derretido al verla—. Nosotros no somos solo niños. Se te olvida que Dagda y yo hemos visto el Infierno miles de veces gracias al maldito de Sigfrid y que aquí estamos. ¿Crees que unos niños cualquiera podrían jactarse de eso?
Sakti no respondió. Era cierto. Ningún chiquillo podía presumir de entrenar bajo la tutela de Sigfrid Montag, pues él no tenía paciencia para lidiar con mocosos y tampoco tendría delicadeza con ellos. De hecho, pocos hombres podían vanagloriarse de sobrevivir a un entrenamiento personalizado de Sigfrid porque el General los habría despachado de inmediato o matado durante la práctica. A eso tenía que agregar que Sigfrid era mucho más sádico con Dagda y Airgetlam que con cualquier otro soldado.
—Además, Connor sabe bastante de medicina —continuó Dagda—. Si algo malo sucede él sabrá qué hacer.
—¿Como cuando a uno de los dos lo mordió una serpiente y el otro se torció un tobillo al caer por una ladera? —Los gemelos chasquearon la lengua a la vez. Connor rio por lo bajo.
—El punto es que todos nos lastimaremos en este viaje. Nosotros tres, tú, Dereck y papá. Y así como ustedes nos quieren cuidar, nosotros también queremos protegerlos.
—Y lo más importante es que sabemos cómo. Tal vez no tengamos la fuerza de Dereck, ni tus poderes, ni seamos tan diestros como papá en la espada. Pero también tenemos nuestras facultades. También podemos aportar algo. —Después Connor agregó:
—Deseamos estar ahí cuando nos necesiten, como ahora. Si no hubiésemos estado aquí habrías caído. No quiero que a Dereck, a ti ni a papá les suceda algo. No podría soportarlo. Los quiero mucho.
Sakti miró a los tres muchachos. A Connor apenas lo distinguía, pero los ojos de Dagda y Airgetlam brillaban con una pureza y energía alarmantes. Estaban decididos a seguir adelante sin importar qué, dispuestos a que ella, Dereck y Darius soportaran sus travesuras por más tiempo. Eran unos irresponsables… pero eran sus irresponsables.
—¡Oh, mírala, Connor! —bromeó uno de los hermanos—. La has enternecido tanto que de seguro ahora se imagina teniendo lindos hijos como tú.
—Cállate —dijo Sakti mientras dejaba caer el puño sobre la cabeza hueca del muchacho.
—Auch… —se quejó él mientras se aliviaba el golpe—. ¡Con la garra! Así duele más…
—Dereck quiere que vayamos a los barcos, pero no es una opción —continuó Sakti sin prestar atención a las quejas—. Hasta donde sé, Darius es el único que entiende de embarcaciones y además somos muy pocos para formar una tripulación. Ir hacia un barco que no podremos mover es condenarnos a muerte, porque entonces los vanirianos solo tendrán que subir y hacerse cargo de nosotros. No podremos escapar si nos lanzamos al mar, mucho menos con este oleaje.
—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Connor, distinguiendo solamente los ojos amarillos de Dragón de Sakti.
—Encontrar a Dereck y a tu padre. Las sanguijuelas se los llevaron, pero debemos dar con ellos a toda costa. Antes de que sea demasiado tarde.
—Bien —dijo Dagda—. Podemos ir adelantando el trabajo.
El joven se llevó las manos al rostro, creó con ellas una especie de megáfono alrededor de la boca y comenzó a aullar. Al poco tiempo recibió los aullidos más o menos distantes de un par de lobos muy grandes.

****

Dereck salió a la superficie, tosiendo. Tenía varias raspaduras en la cara y en las manos pero las peores heridas eran las del costado, hechas por las sanguijuelas marinas que le succionaban la sangre incluso en ese momento. Con la mano libre agarró a una y la arrancó de un tirón. Después hizo fuerza en el otro brazo y subió a Darius a la superficie.
—¿Estás bien? —le preguntó—. Darius, ¿estás bien? —El profeta tardó en responder.
—Jamás me habían mordido tanto… No me siento muy bien.
Era normal que se sintiera mal. Estuvo sumergido por varios minutos, apenas conteniendo la respiración, con las sanguijuelas apretándolo con tanta fuerza que parecían querer romperle las costillas. Además, los bichos le succionaron buena cantidad de sangre. Más que mal, ¡debía de sentirse pésimo!
Lo único bueno de todo ese martirio fue que en la poza encontraron una grieta que llevaba al mar. Solo fue cuestión de entrar a ella, dejar que las sanguijuelas los arrastraran, rezar para que el camino submarino no fuera muy extenso y después nadar hacia la orilla.
El Guardián tampoco estaba muy bien, pero debían seguir adelante. Hacia los barcos. Todavía tenía la mitad del cuerpo en el agua. Se arrastró para salir de la poza y jaló a Darius consigo. Sin embargo, sintió algo curioso. Además de estar mareado por la pérdida de sangre, sintió un dolor en el brazo derecho, el que sostenía al profeta.
Aunque supo que no podría distinguir detalles, ni siquiera con la visión ajustada, desvió la mirada hacia el brazo. Le sorprendió muchísimo ver con claridad, como si en lugar de luna nueva tuviese una luna llena en lo alto del cielo.
A pesar de que tenía la ropa puesta, vio que el brazo se le había ensanchado mucho y que incluso algunas venas le saltaban. Era un incremento de fuerza involuntario. En condiciones normales él podía controlar la fuerza adicional de sus músculos, tal y como podía controlar el ajuste de visión. Pero ahora tanto lo uno como lo otro se incrementaron sin que él se esforzara.
Darius se quejó. Por un momento Dereck pensó que el profeta vomitaría.
—¿Qué te pasa? ¿Todavía tienes sanguijuelas encima? ¡Dímelo! Te ayudaré a…
—Veneno —lo interrumpió Darius—. Las sanguijuelas tienen veneno. —El Guardián sintió un escalofrío. A él también lo habían mordido muchísimo.
—¿Cuál es el antídoto, dónde puedo encontrarlo? —Darius negó con la cabeza.
—El veneno no es mortal, solo incómodo. Oh, cielos… —Se arqueó como si lo atacara un calambre muscular y después reposó la cabeza en el suelo a la vez que arañaba la roca—. ¿Es la primera vez que te muerden?
—Sí, es la primera vez que estoy en un lugar con sanguijuelas así —contestó Dereck—, pero eso no tiene importancia.
—Sí la tiene. Se te dormirá todo el cuerpo dentro de unos minutos, no podrás moverte aunque lo quieras. Debes buscar un escondite para que los vanirianos no te encuentren inmóvil.
—¿Y qué hay de ti? —preguntó Dereck al ver que Darius intentaba incorporarse pero fallaba—. ¡También te mordieron!
—En la Península, los padres hacen que sus niños sean mordidos por sanguijuelas. En la tercera y cuarta mordida el veneno ya no surte efecto. Podría decirse que es una especie de vacuna. —Apoyó de nuevo la cabeza en el suelo, pero esta vez se encogió como si le doliera el estómago—. No lo entiendo, ya me habían mordido… No debería afectarme tanto.
A Dereck no le importaron los razonamientos de Darius. Por alguna razón el veneno sí afectó al profeta y era su responsabilidad asegurarse de que no le sucediera nada malo. No solo debía encontrar un escondite para él, sino también uno para Darius. Tomó el brazo del muchacho y se lo pasó por encima de los hombros para cargarlo si era necesario, pero entonces notó algo nuevo en el mestizo.
Los brazos de Darius también estaban más anchos y las venas palpitaban con mucha fuerza. Era como si todo el cuerpo del joven hubiera ganado volumen. Pero lo que más destacaba en él era su rostro. Los ojos mestizos brillaban muchísimo en la oscuridad, las pupilas estaban dilatadas al máximo, en la piel resaltaban más venas y las comisuras de los labios se habían estirado tanto sobre las mejillas que permitían ver los dientes de Darius.
Dereck tragó saliva.
—Darius…
—¿Qué?
—Er… ¿Puedes verme con claridad? —El profeta levantó la mirada y clavó los ojos en Dereck.
—Ahora que lo mencionas, sí.
Después arrugó muchísimo la cara. Se soltó de su amigo, cayó de nuevo al suelo y dejó escapar terribles alaridos de dolor. Dereck dio dos pasos hacia atrás, mientras notaba que el cuerpo de Darius ganaba mayor volumen.
Ahora lo entendía todo. En proporciones moderadas, el veneno de las sanguijuelas adormecía el cuerpo de sus víctimas. Pero cuando los sujetos recibían varias mordidas y por tanto grandes cantidades de veneno –como era el caso suyo y el de Darius–, los resultados eran bastante diferentes. Experimentaban un aumento de fuerza y una mejora en sus habilidades, algo que un mago adulto podía controlar pero no un cachorro.
Dereck podía mantener bajo control el incremento de energía, porque ya había sufrido suficientes transformaciones. En cambio, gracias al veneno de las sanguijuelas, Darius apenas experimentaría su primera transformación.
—Una transformación forzada —susurró Dereck—, una transformación incipiô.
Darius dejó de gritar. Por la oscuridad Dereck no pudo apreciar todos los cambios, pero sí distinguió una silueta aesiriana. Eso podía significar dos cosas. Primero, que la transformación ya había pasado y no era severa. O segundo, que apenas comenzaba y lo peor estaba por venir.
—¿Sabes, Dereck…? —preguntó Darius con una voz muy distante—. Ya no me siento tan mal.
El mestizo levantó el rostro y las palpitaciones del corazón del Guardián aumentaron drásticamente. Las comisuras de los labios se habían estirado por encima de las mejillas de Darius hasta llegar a las orejas; y todos los dientes se habían convertido en colmillos puntiagudos tres veces más grandes.
—Todo el dolor se ha ido pero… de repente… —Dereck tragó saliva al notar que la mirada de Darius cambiaba—… tengo muchísima hambre.
Era la mirada de un cazador que observa a su presa. Dereck supo que la transformación de Darius apenas había comenzado.

"Los Hijos de Aesir: Travesía bajo la sombra del Tercero" © 2010-2017. Ángela Arias Molina

2 comentarios :

  1. tenia ya mucho sin pasar por aqui :)
    Apenas estoy actualizandome con los caps ;)
    Pero como siempre, muy buenos!! *o*

    Besos linda

    ResponderEliminar
  2. Qué bueno que te gustan. Aún tengo que mejorarlos, en especial los del inicio (esto de la edición es un cuento de nunca acabar), pero de verdad espero que te sigan gustando.
    Bienvenida eres siempre ;)

    ResponderEliminar

Ojalá que me den CRITICAS CONSTRUCTIVAS para poder mejorar en mis escritos.
No es necesario que dejen su nombre, aunque se los agradecería para poder darle las gracias cada vez que publique de nuevo, ya que quiero dar crédito a las sugerencias que me hagan.
Gracias por tomarse su tiempito y honrarme con sus comentarios. =^_____^=

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