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Juego de sombras

JUEGO DE SOMBRAS

Freki corrió. Sí, se sintió mal por abandonar al cabezota de Dereck, lamentó no haberse devuelto por él y por lo menos intentar llevárselo a rastras. Pero para cuando la culpa le ganó la partida a la furia, él ya estaba muy lejos e imaginó que Dereck ya habría llegado al lado de Lemuria. Si los interrumpía, Lemuria se daría cuenta al instante de que él también conocía su identidad y, probablemente, vería sus planes arruinados –fueran los que fuesen–.
Lemuria derrotó a los tres Fafnir que lo molieron a él, así que era lógico que el lobo no tendría muchas oportunidades contra la mangodria. Además, Freki no supo si Dereck lucharía contra ella si el lobo se veía en problemas. De no ser porque tenía que encontrar a Sakti, habría regresado al lado del Guardián a pesar de las consecuencias. Pero tenía que encontrar a la princesa, tenía que alertarla de la presencia de la mangodria y llevarla a un lugar seguro.
Porque a pesar de que dijo que estaría a salvo con los Fafnir, la verdad era que tampoco sentía mucha simpatía hacia esas criaturas o hacia la voz de la sincronización. Por eso, también debía sacar a Sakti de las ruinas. Pero primero, debía alcanzar una zona intacta. Tenía que hallar un segmento sincronizado.
—¡Luz! —jadeó al ver un resplandor a lo lejos. Corrió unos metros más, pero se detuvo en seco cuando distinguió una silueta.
No era un aesiriano o un vaniriano. Tampoco era una pared sincronizada ni la luminiscencia blanquecina de un Fafnir, sino una luz blanca y cálida que emanaba del joven que esperaba en medio del túnel. Aunque Freki no llegó a conocerlo, lo reconoció al instante porque era un muchacho rubio, de ojos azules, vestido de pies a cabeza de blanco. Alucinación miró a Freki y levantó la mano.
—Saludos, hermano. —El pelaje del lobo se erizó.
—¡NO! Aún no he cumplido mi misión, ¡no puedes regresarme a él! ¡No puedes borrarme! —Alucinación bajó la mano a la vez que borró la sonrisa del rostro.
—No es mi trabajo recoger fragmentos del Tercer Dragón. Esa es labor de Dioné. Así que tranquilízate, no te haré daño.
—Pero... —Freki sacudió la cabeza, preguntándose si estaba soñando—. Tú ya cumpliste tu misión. Y si no tienes una nueva asignada, ¿qué estás haciendo aquí?
—Cumpliendo mi propia misión, la que yo me he asignado.
Alucinación se acercó al lobo y Freki, paralizado del miedo, ni respiró cuando el muchacho colocó la frente sobre la suya. Con el contacto pudo verlo todo: el día que Sakti llegó a Lahore, el momento en que se fue; el instante en que regresó y se le lanzó al cuello, feliz de estar junto a él. Sus abrazos, sus sonrisas, las miles de formas en las que le expresó su amor y gratitud. Y luego el plumazo, el mismo que acabó con la poca dulzura que quedaba en ella, el que le borró la sonrisa, el que la convirtió en una perfecta máquina de guerra: sin compasión, remordimientos o dudas. Solo le quedaba un dolor tan fuerte que se negaba a sentirlo. Freki se estremeció al ver el cambio drástico de la Sakti que vivió a la vez que Mark y esa en la que se convirtió cuando lo perdió. Después, el muchacho se separó.
—Tú recuerdas —dijo el lobo—. El Mark de Sekmet y el Mark de Sakti. Ahora eres él.
—Yo recuerdo, ahora soy él. Y tú también recuerdas. Geri también recuerda.
—Los dos recordamos, es nuestra misión. Pero ella... ella no debe recordar, ¡pero ha empezado a hacerlo!
—Lo sé. El problema no es si recuerda lo que fue la primera vez, sino si olvida lo que fue en la segunda, ¿entiendes?
—¡NO! ¡No puede recordar! ¡No debe hacerlo! ¡Sería terrible! Lo que pasó la primera vez no debe repetirse. Por eso recordamos: para que no suceda.
—«Lo que pasó la primera vez no debe repetirse» —citó—. Cierto, muy cierto. Ahora mismo hay un acontecimiento que está a punto de repetirse. Debes detenerlo. —Freki alzó las orejas.
—¿De qué estás hablando?
—Es un suceso que se está adelantando. La primera vez ocurrió varios años después y en un lugar distinto, pero el suceso se ha precipitado por las variables que se introdujeron en esta ocasión. Van a matar a Darius. —El pelaje de Freki se erizó de nuevo.
—Eso jamás. Sobre mi cadáver. Destruiré a quien pretenda hacerlo antes de que lo lleve a cabo.
—No lo harás. Tú recuerdas, ¿no? ¿Quién fue el que alcanzó a matarlo la primera vez? —Freki abrió el hocico, sorprendido al recordar el rostro del asesino de la primera ocasión.
—¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Tan pronto?
—El acontecimiento se ha precipitado. Por eso, ¿puedo pedirte un favor?
—Hacerlo podría meterte en problemas con el amo. Y a mí también.
—Él apenas es un niño y no tiene manera de enterarse para desquitarse contigo. En cuanto a mí, él ya no es mi amo. —Mark hizo una pausa—. ¿Salvarás a Darius en mi lugar?
—Siempre.
—Entonces, por favor, deja que él lo apuñale.
Mark apoyó de nuevo la frente sobre la de Freki, pero en lugar de imágenes le transmitió sensaciones. El lobo arañó el suelo, indeciso, pero después intentó recobrar la calma.
—Creo... creo que necesitaremos más personas para contenerlos. ¡Dereck! ¡Necesitaremos a Dereck! Por favor, ¡ayúdame a recuperar al cabezota! —Pero el muchacho se separó del lobo y negó con la cabeza.
—No. Debes dejar que Dereck tome su decisión y el camino que mejor le parezca.
—¡Pero está durmiendo con el enemigo! Eso no debe suceder, ¡él es el heredero del último Montag!
—Es una nueva variable, un acontecimiento que distingue esta ocasión de la anterior y que, por tanto, la aleja un poco más del resultado que queremos evitar. Dereck y Lemuria han tomado una decisión que tendrá grandes repercusiones en el futuro. Sean buenas o malas, traerán un cambio, un desbalance, y los mortales no tendrán más remedio que aceptarlo. —Luego Mark acarició la cabeza del lobo. No le transmitió imágenes ni sensaciones, excepto consuelo—. En este mundo, la comprensión es tan necesaria como el amor, Freki. Es por eso mismo que esos dos se atraen y es justo eso lo que ambos le enseñarán al mundo. Ahora debes salir de aquí. Debes avisar a tu hermano para que trabajen juntos en esto.
Luego Mark se separó del lobo con un único paso que pareció distanciarlos miles de kilómetros. Freki intentó acercarse de nuevo para comprender la naturaleza de su aparición, pero entonces escuchó el siseo de los Fafnir y sintió las garras que lo rodearon por los costados y el lomo. Antes de que pudiera hacer algo al respecto, los Fafnir lo jalaron hacia la pared y se fundieron con él en el mármol.


Dereck y Lemuria caminaron en silencio, a un paso lento que disminuyó cada vez más. Los recuerdos de la noche anterior y la mañana todavía estaban frescos. Aunque no señalaron las reglas del juego en voz alta, los dos llegaron al silencioso acuerdo de que no se besarían. No lo harían. Podían intercambiar fluidos corporales, arañar al otro en medio de la pasión y besar cada músculo y herida sin ninguna repercusión, pero la boca estaba fuera de límites.
Sin embargo, lo hicieron. No se dieron cuenta hasta que incurrieron en la falta unas cinco veces y, cuando se dieron cuenta, no se detuvieron. Peor. Apenas hicieron una pausa breve y a la vez, seguros y sincronizados, se besaron de nuevo. En ese instante lo consintieron, sabiendo a la perfección que a la mañana siguiente no se arrepentirían de él por encontrarlo desagradable, sino porque fue la mejor parte del juego.
Después de la falta consentida, los dos dieron por terminada la actividad, aunque supieron que no podrían pegar el ojo en las horas posteriores porque tenían que matar al otro. Pasaron el resto de la noche ideando planes para asesinarlo aunque, a la vez, supieron que era en vano. No se matarían. Supieron que despertarían en la mañana complacidos a pesar de las pocas horas de sueño y que buscarían en serio una salida de las ruinas para seguir cada uno por su camino.
Pero, horror. La mañana les deparó otra sorpresa cuando Lemuria se halló felizmente acomodada en los brazos de Dereck, y el soldado tranquilo por el calor y el aroma de mujer. El juego se les salió de las manos. Perdieron el control.
No hablaron al respecto. Se entendieron sin palabras. Desayunaron en silencio y tomaron un túnel que Lemuria todavía no había explorado en las incursiones previas a conocer al soldado. Era hora de terminar el juego, de encontrar una salida, pero, cuando la antorcha vaciló por una corriente de aire, ni ella ni Dereck se sintieron aliviados. Quisieron continuar con la charada, simular que estaban perdidos en las ruinas, que sus roles en la guerra seguían suspendidos. Pero los dos supieron que era imposible. Era hora de salir a la superficie y dejar lo que pasó entre ellos en la bóveda perdida de las ruinas, en la oscuridad.
El aire se hizo más limpio, pero también más cálido. Más pronto de lo que quisieron, sintieron la brisa golpeándolos en el rostro, arrastrando consigo granos de arena que les quemó la cara. Lemuria apagó la antorcha, pues ya no tenían necesidad de ella. Caminaron hacia el canal de luz y salieron por una abertura semi-cubierta. La arena ardiente, el cielo azul sin nubes, el sol abrazador y el paisaje estático, lleno de dunas... y de algo más.
Dereck vio el campamento vaniriano y se sintió un poco bobo por pensar que Lemuria no sería capaz de tenderle una trampa. Miró el semblante de su amante, pero encontró auténtica sorpresa. Lemuria llevó el juego a tal extremo que se perdió de verdad; no sabía que llegarían a una salida en donde habría vanirianos. Quizá ni siquiera era un campamento permanente, sino uno que por pura casualidad estaba estacionado allí. Pero al fin y al cabo era un campamento vaniriano, Lemuria era una mangodria y Dereck un soldado aesiriano. Era hora de retomar los roles. El juego ya había acabado.
—¡Señora! —gritó una voz anónima desde el campamento.
De entre las tiendas comenzaron a salir groliens, arpías, vanirianos ordinarios y, lo más probable, kredoa. Dereck no pudo saberlo con certeza. Primero notó la felicidad de los vanirianos al distinguir el cabello verde y los ojos miel de su mangodria, pero luego los rostros cambiaron de golpe al reconocer el uniforme de Dereck. Los vanirianos no supieron si alarmarse o burlarse, quizá imaginando que Lemuria lo había atrapado. De cierta forma, Dereck supo que Lemuria sí lo había derrotado. Tal y como él la había derrotado a ella.
Los dos se miraron a los ojos y se dieron cuenta con horror de que el juego no había acabado, sino que les había ganado a los dos, los tenía atrapados en sus redes y probablemente nunca los dejaría ir. Creyeron que dejaban el juego en las ruinas, abandonado en la oscuridad, pero en realidad arrastraban la partida en la carne y en la mente. No podían escapar de eso. Seguían jugando y actuando, pero esta vez no fingían que desconocían quién era el otro. Ahora debían fingir ante los demás que nunca pasó lo que ocurrió, y que el vínculo que los unía no era tan fuerte, que ni siquiera existía. Ambos iniciaron la nueva partida.
Dereck se puso serio y Lemuria sonrió pícara, a la vez que se alejaba de él.
—Bien, Dereck, ahora no tienes a dónde ir. Solo tienes dos opciones: entregarte por las buenas o que te custodiemos por las malas.
—No tomo ninguna de las dos, gracias —dijo él.
Pero para su sorpresa, Lemuria suspiró. Miró la arena a los pies y pateó el suelo con las botas, como una niña pequeña tomando una gran decisión. Cuando la mangodria alzó de nuevo la mirada, Dereck supo lo que estaba a punto de proponerle. Claro, era parte del juego. Los dos no tenían más opción que seguirlo.
—Sé lo que me responderás, pero de todas formas tengo que preguntártelo. Te ofrezco una tercera opción. —Lemuria hizo una pausa justo cuando el primer grupo de groliens y luchadores se acomodaba detrás de ella, listo para seguir sus órdenes—. Únete a nosotros.
Los vanirianos la miraron incrédulos y cuchichearon entre sí, preguntándose por qué la mangodria ofrecía un trato así a un soldado aesiriano. Dereck tragó saliva para aliviarse la garganta seca y tomó aire antes de responder:
—Sabes lo que te diré, pero de todas formas debo decirlo en voz alta. Yo elijo mi bandera. ¿Y tú?
—La mía.
—Bien, entonces todo ha quedado doblemente confirmado.
Lemuria notó que Dereck observó el grupo de chamrosh que estaba a un lado del campamento. Los chamrosh eran aves de carga, semejantes en forma a los avestruces, pero mucho más grandes, que los aesirianos de las arenas criaban como medio de transporte. Eran aves que no podían volar, pero tenían unas patas largas y un cuerpo resistente que las ayudaba a recorrer grandes distancias a muy buena velocidad, incluso cuando cargaban mercadería o personas en el lomo. Dereck vio esas aves en Myula, ensilladas y listas para salir. Pero los chamrosh que estaban en el campamento, quizá como premio después de saquear un pueblo, no estaban ensillados, aunque Dereck había entrenado para montarlas de cualquier forma.
Sin embargo... No, no podría escapar en un chamrosh. No alcanzaría a los animales sin recibir buenos golpes de un puñado de vanirianos y, aunque lograra escapar, las arpías lo seguirían y lo mismo harían los vanirianos que pudieran montar al resto de aves. Y él no tenía agua ni alimentos que le permitieran soportar más de una jornada en el desierto.
—No tienes escapatoria, Dereck. Sabes tan bien como yo que lo mejor es que te rindas. —Dereck suspiró.
—Es cierto —dijo—. Pero me han dado una cuarta opción.
Dereck levantó los brazos justo cuando algo se lanzó en picada sobre él. El aleteo fue tan fuerte que levantó una nube de arena que bloqueó la visión de los vanirianos. Lemuria y varios más tragaron arena y tuvieron que toser para limpiarse la garganta. La mangodria sacudió la mano frente a los ojos para despejar la vista, con lo que vio el cuerpo moreno y el par de alas negras que rescataron a Dereck en el último momento. Un mago alado sostuvo al Guardián de los brazos y se lo llevó lejos de allí.
—Alto —dijo Lemuria al ver que unas arpías se preparaban para la persecución—. Déjenlos ir.
—Pero...
—¿Desafías mis órdenes? He dicho que los dejen ir. —Lemuria dio media vuelta, se abrió paso entre los vanirianos para ir a una tienda y agregó—: Hay una misión que urge más que perseguir a un par de soldados de bajo rango.
Era una mentira, por supuesto. En el breve instante en que el mago alado estuvo en la superficie, Lemuria vio que el uniforme era de un soldado de la misma categoría que Dereck. Eran un par de Guardianes y, por supuesto, una jugosa oportunidad. Pero si podía, Lemuria quería evitar cazar a Dereck y la excusa de una pequeña tarea era lo bastante buena como para evadir una responsabilidad mayor.
Agradecida, acarició el arma que llevaba colgada en uno de los cinturones, forrada en una cartuchera de cuero. Por el momento, la daga dormía.
La daga esperaba.


—¡Jaaaa! —rió Kael—. ¿Viste sus caras? ¡No se lo podían creer! —El mago alado se meció en el aire, a fin de aprovechar una corriente para aumentar la velocidad y ganar mayor altura—. ¡Ajajaaaaaá!
Había extrañado el viento en la cara, el sol en la espalda, justo entre el nacimiento de las alas, y el aire jugueteando entre sus dedos, zumbándole en los oídos y meciéndole el cabello. ¡Dios, extrañó tanto volar!
—¿Las ves, Dereck? —preguntó con la voz entrecortada, tan feliz que estaba a punto de llorar—. ¡Recuperé mis alas!
Pero Dereck no le contestó. Tenía la mirada fija en el puntito que cada vez se hacía más pequeño y que correspondía al campamento vaniriano. Cometió un gran error porque, sin darse cuenta, le dio a Lemuria algo que nunca debió ofrecerle. Mientras se alejaba del campamento, sintió que una parte de él se quedaba con la vaniriana y que una parte de ella se marchaba con él. Los dos metieron la pata en grande.
—¿Dereck? —El Guardián suspiró para expulsar sus temores, y respiró profundo para ajustarse una máscara que nunca imaginó que utilizaría frente a su mejor amigo. Luego alzó la mirada y vio a Kael.
—¡Subiste tan rápido que creí que dejaría mi estómago detrás de mí! ¡Pero qué bárbaro! —Luego sonrió—. Las veo, Kael. Son hermosas. Estoy muy feliz por ti, amigo.
Kael le sonrió como un niño con juguete nuevo, le dijo que se preparara y comenzó a hacer diversas piruetas en el aire, escapando con su amigo de la manera más entretenida posible. Dereck dejó que Kael piloteara como mejor le pareciera. Ahora, en el aire, él también se sentía a gusto, porque por un momento podía fingir que él y Lemuria no perdieron contra el juego de sombras que ellos mismos idearon.

"Los Hijos de Aesir: El Reino de las Arenas" © 2012-2014. Ángela Arias Molina

4 comentarios :

  1. Te digo algo angela... por fin muchas conversaciones tienen sentido para mi... la salvacion ya sucedio una vez no? pero las cosas no salieron como los Aesir lo planearon... la primera vez Sakti se vengo por lo de Mark, la primera vez Sakti boto a favor de la destruccion de todo, nisiquiera Marduk o Adad lograron converncerla de que si valia la pena salvar a todos.

    No son visiones de lo que sucedera las que tiene Darius, sino son memorias del pasado, son las memorias que los lobos no querian que recuperaran.

    Ademas tambien descubri quien asesinara a Darius xDD eso si no lo dire en voz alta, sera sorprensa.

    En el caso de Lemuria y Derek, sucedio lo mismo que con la abuela de Darios, jugaron a la lujuria y terminaron despertando sentimentos ¿Verdad? Y eso influira en la guerra, ambos bandos perdieron a excelentes guerreros en las manos del amor.

    Y si no me equivoco, esos sucesos adelantados son el despertar de las ruinas... oh son tantas cosas!!! pero yaaaaa me callareee... peroo eso si lo tenia que expresar o me moririaaaa :))

    NOTA: es por eso que Zoe conoce las cosas, estoy casi segura que sus memorias estan casi intactas, ella aun recuerda vdd? mejor dicho, Ella sabe que no son viciones futuras, sino pasadas.

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    1. Ok... Solo te diré que tienes razón en algo (no te diré qué, ja ja), pero todo lo demás son ideas que no se me habían ocurrido para nada *_* En pocas palabras, que no son acertadas... de momento. Con tus suposiciones, me has abierto nuevas posibilidades para lo que tenía planeado. La pregunta ahora es... ¿me quedaré con mi plan original? ¿O se puede enriquecer con tus suposiciones sin contradecir la historia...? Supongo que es algo que ambas debemos esperar para ver :P

      Gracias por leer y comentar :D

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  2. ok, mi mente no estas tan loca entonces xDDDD

    pdt: lei el preview de este capi... no se porque pero algo me dice que Darius va a sufrir u.u!!!

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    Respuestas
    1. Darius siempre va a sufrir. Ese es uno de mis incentivos para escribir.

      Sí, soy malvada, jaja. Pero él sufre porque es mi personaje favorito :)

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Ojalá que me den CRITICAS CONSTRUCTIVAS para poder mejorar en mis escritos.
No es necesario que dejen su nombre, aunque se los agradecería para poder darle las gracias cada vez que publique de nuevo, ya que quiero dar crédito a las sugerencias que me hagan.
Gracias por tomarse su tiempito y honrarme con sus comentarios. =^_____^=

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