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Mover el tiempo

MOVER EL TIEMPO

Se coló por los pasillos derruidos sin que nadie la notara. Los pocos sirvientes que quedaban en palacio estaban ocupados lavando mantas para la confección de sábanas y vendas, y los guardias estaban trabajando en las misiones de rescate fuera de palacio. Hasta Dereck abandonó su puesto como guardaespaldas para brindar una mano.
Sakti supo que esos seis días junto a Darius le pasarían factura política. No saludó a sus tíos ni se preocupó por las víctimas de los terremotos, aun cuando supo que una aparición pública de la portadora levantaría los ánimos. Si quería ganar puntos con sus tíos –que de seguro estaban puteados por la riña con Connor–, no podía presentarse pidiendo ayuda, sino brindándola. Ella no podía deber el favor, sino ganárselo ¿pero cómo lo haría...?
—Ah, cuidado...
Alguien la sostuvo de los brazos antes de que se fuera de espaldas. Había caminado mientras pensaba, viendo siempre al suelo, así que cuando dobló una esquina no se percató de que se acercaban dos personas y chocó contra ellos. Lo único que tenía que decir a su favor era que los otros dos tampoco prestaron mucha atención.
—¿Pasó algo, Allena? —preguntó uno de los gemelos. Sakti se lastimó los hombros, pero se los masajeó y negó con la cabeza.
—Estoy bien, no pasó nada.
—No por ti, por papá —aclaró el otro hermano.
Claro. No se había separado de Darius ni para comer, y ahora andaba sola y distraída en un palacio casi desierto. Estaba muy cansada como para enojarse con los chicos por la falta de caballerosidad y, además, sospechó que ellos ya estaban muy molestos con ella. Después de todo, no eran idiotas y sumaron dos más dos: descubrieron que Sakti permitió que Drake atacara a Darius.
—Despertó y está mejor. Connor está ahora con él, pero tienen que apurarse para verlo antes de que lo medique.
Entonces notó que los dos tenían los nudillos rojos y llenos de cortadas, además del ceño fruncido. Los chicos también ayudaban de vez en cuando en los campamentos, pero Sakti supo que no venían de allí.
—No hicieron nada en las catacumbas, ¿verdad? —les preguntó con una ceja arqueada. Supo que los había pillado, porque fruncieron los labios, disgustados.
—Kel no nos dejó pasar —masculló uno.
—Bien, porque Darius podría morirse si algo le pasa a Drake. Literalmente —agregó con énfasis.
Uno de los chicos miró el suelo, molesto y triste por partes iguales; mientras que el otro apartó la mirada y respiró profundo para no gritarle a Sakti. Sí, estaban enojados con ella. Pero sobre todo, estaban furiosos con Drake.
—El príncipe Remiak asignó una guardia en la bodega de medicamentos —dijo uno para cambiar de tema—. No quiere que papá viva.
Sakti supo que eso no era cierto. Su tío solo quería usar la medicina de la mejor manera en quienes la necesitaban y ya daba a Darius por perdido. Estaba actuando de manera racional, tal y como ella debía hacerlo.
—Me haré cargo. —Estuvo a punto de irse, pero notó que uno de los chicos tenía la misma mirada de cachorrito-quiere-abrazo de Connor y se sintió mal por él—. Darius se va a poner muy bien, Airgetlam —le dijo mientras lo tomaba de la mano—. Cuando vayas a verlo no pongas esa cara, porque no le va a ayudar nada. Tú también, Dagda, cámbiala —le dijo al otro—. Si los ve de mal humor, le van a alterar lo-que-sea-interno que Connor le ha estado arreglando.
Dio una palmadita en la mano del muchacho, lo soltó y siguió con su camino. Si les decía algo más solo los molestaría y ellos ya estaban bastante angustiados por Darius como para pelear entre sí. Pero los hermanos la llamaron justo cuando Sakti iba a cruzar una nueva esquina. La muchacha se giró para verlos, segura de que calculó mal el humor de los chicos y que había empeorado las cosas. Pero cuando los miró, los dos estaban más tranquilos. Todavía estaban asustados, por supuesto, pero el enojo se les había pasado.
—No te equivocaste —dijo uno con sonrisa cansada.
—Por fin no confundiste nuestros nombres.
Airgetlam levantó la mano y la agitó un poquito. Luego él y su hermano dieron media vuelta y se marcharon rumbo a la habitación de Darius.
«¿Acertamos?», se preguntó Sakti, sin darse cuenta de que pensaba en plural. «Quizá es por el cabello», pensó distraída mientras continuaba hacia las catacumbas. «Desde que Sigfrid obligó a Dagda a cortárselo, se le acomoda un poquito diferente».
Un nuevo temblor. Sakti se detuvo cerca de una sección muy debilitada por los sismos anteriores y la vio colapsar delante de ella. Cuando el temblor se detuvo, sorteó los escombros y cruzó lo que quedaba de pasillo, haciendo nota mental. Tendría que sacar a Drake de las catacumbas pronto, porque con tantos sismos no sería raro que su celda también se derrumbara y terminara muerto por asfixia.
Las catacumbas estaban bajo el nivel del suelo, bajo lo que a simple vista parecía una choza unida al palacio por un camino techado. Parte de la choza también había colapsado en los primeros terremotos, pero todavía se mantenía en pie porque la habían construido pensando en que tal vez algún día debería soportar el asedio de criminales. Además, la habían reforzado después de los primeros temblores para evitar que los reos escaparan.
Solo había un guarda en la entrada, que más parecía una estatua de cera acaramelada que una persona. Ni siquiera parpadeó cuando Sakti pasó a su lado, entró a la choza y luego bajó las gradas que llevaban a las celdas subterráneas, que estaban iluminadas por cristales mágicos colocados en el techo a lo largo del pasillo.
Las catacumbas de Irem no eran tan sofisticadas como las de Masca, pues no clasificaba las secciones. Las celdas estaban separadas por verjas de hierro y en algunas de ellas había instrumentos de tortura, en otras catres y en otras los dos. A pesar de que solo había un guarda, los prisioneros estaban tranquilos. Los que estaban en máquinas de tortura desvariaban por el dolor; algunos otros permanecían acostados en los catres, y solo unos pocos conversaban entre sí, sentados codo a codo y separados por los barrotes.
Pero cuando Sakti cruzó el pasillo entre las celdas, los criminales la notaron y silbaron. Algunos la reconocieron por las marcas de la Profecía y el cabello gris, y suplicaron su perdón para salir de ahí. Sin embargo, la mayoría le chifló y le gritó obscenidades, aunque ella los ignoró y siguió hasta las últimas celdas. Estas estaban separadas del resto por una verja doble, que era la única distinción real entre las celdas comunes y las de prisioneros especiales.
Cuando Sakti cruzó la frontera, encontró a Kel. El grolien estaba sentado en un cajón, haciendo guardia como un perro frente uno de los calabozos. Cuando cruzaron miradas, Sakti vio que el grolien todavía le tenía miedo... pero que comenzaba a ganar una insolencia que aprendió de los gemelos. Sin embargo, el chico no la enfrentó sino que se plantó frente a ella y preguntó por Darius con los ojitos brillantes de esperanza.
—Está bien —respondió a secas—. Ahora está con sus hijos.
Sakti sabía que Kel no estaba allí como prisionero, pero no quería que saliera pronto de las catacumbas. De lo contrario, llamaría la atención y daría a los príncipes de las Arenas más motivos para estar enojados con Sakti. Además, alguien debía hacerse cargo de Drake. De lo contrario, los gemelos lo harían picadillo. El grolien no quería a la Princesa Carmesí, pero sí a Darius y entendió que debía cuidar a Drake por el bien del mestizo.
—Si vienes a lastimarlo vas a tener que irte —le soltó. Sakti lo apartó de un empujón.
—No seas insolente. No se te olvide que aún me faltan más transformaciones y tú no quieres ser mi cena, ¿verdad? —Cuando puso la mano sobre la cerradura, la sincronización la reconoció y abrió la celda—. Tampoco quieres acabar como ella, ¿cierto?
La muchacha señaló el calabozo que estaba frente al de Drake. Los cristales mágicos iluminaron muy poco, quizá porque la estructura sufrió daños por los temblores, pero aún así Sakti y Kel reconocieron la figura menuda de una chiquilla. Nefer estaba al fondo de la celda, con las rodillas abrazadas.
Cuando la miró, Sakti vio el odio lacerante en sus ojos, la envidia, el desprecio… Sabía que su prima todavía no había sido condenada, aunque eso la traía sin cuidado. El destino de Nefer no importaba nada cuando lo comparaba con el de Darius, el Reino de las Arenas y Masca.
—Hola, Drake —saludó cuando entró a la celda del sicario.
Él también estaba en el fondo de su encierro pero, a diferencia de Nefer, estaba encadenado de manos y pies. El sicario no tenía las rodillas abrazadas, pero estaba sentado en el suelo y con la cabeza agachada. En condiciones normales, un guarda le habría dicho a Sakti que era peligroso acercarse aunque pareciera inutilizado. Pero ella supo que aunque Drake era fuerte y peligro, no le haría daño. La actitud odiosa había desaparecido después de separarlo definitivamente de la daga y ahora solo quedaba un cascarón de cabello rosado en lugar del muchacho espabilado que Sakti conoció en Edén.
La princesa sabía muy bien lo que significaba la postura de Drake. Connor también lo sabía y por eso visitaba al sicario todos los días. Era depresión. Drake no comía ni bebía, quizá ni estaba muy consciente de sus alrededores y, por las cadenas y la condición de las catacumbas, sus golpes podían infectarse.
Pero lo peor era que había perdido la razón de vivir. Si no encontraba algo pronto, ni siquiera la buena voluntad de Connor lo sacaría de allí.
Sakti se acuclilló delante de él y susurró:
—Darius está bien. No está molesto contigo y quiere verte. Connor tampoco está molesto y sabes que ha venido a visitarte, ¿verdad? Y los gemelos solo están asustados, pero pronto te perdonarán. Si así lo quieres, podrás unirte de nuevo a la familia y también trabajar con ellos para salvar a Zoe. —Drake levantó un poco la cabeza, aunque no miró a Sakti.
—A hermanita... —Luego se encogió—. Cuando lloraba, me buscaba a mí. Hermano 1 y Hermano 2 eran muy crueles. Se reían de sus muñecas cada vez que les cambiaba el vestido y le decían que tenía mal gusto. Eran crueles, muy crueles... Son crueles...
—Están enojados porque están asustados —explicó la muchacha—. ¿Y tú?
Los odio.
Sakti asintió, aunque ya no estaba tan segura de quién haría picadillo a quién. ¿Los gemelos a Drake o al revés? El peli-rosado tenía el rostro magullado y un parche en la nariz, así que no se veía tan fuerte o bonito como siempre. Pero Sakti supo que los gemelos no podrían verlo a la cara cuando las heridas sanaran, porque aunque no era idéntico a Zoe sí se le parecía bastante y, si Darius no deliraba, también se parecía a Njord.
—De acuerdo, estás enojado con ellos. ¿Pero tienes miedo?
El muchacho no respondió de inmediato ni se movió; se mantuvo quieto y sin respirar, como si fuera una roca más de la pared. Luego respiró muy profundo y gritó de repente:
—¡SE CONGELÓ! SE QUEDÓ PLANTADO ALLÍ COMO SI NO LE IMPORTARA. ¡ME ABANDONÓ! ¡Él...!
Pero calló. La voz se le quebró y pareció sorprendido cuando sintió el agua que le salía de los ojos y le resbalaba por las mejillas. Drake se llevó una mano y sacudió las lágrimas, solo para mirar incrédulo las gotas que tenía en los dedos. Sakti no parpadeó, porque no le sorprendió la reacción del sicario. Solo estaba satisfecha de que el chico conociera sus emociones más pronto de lo que había calculado. Se acercó más al sicario y le susurró al oído:
—Vine a darte un regalo, una idea para que medites. ¿Cuando eras más jove, te juraste que tú y solo tú acabarías con Darius? —Drake apretó los puños y los dientes, sintiendo la misma furia asesina de siempre. Pero seguía llorando y no era por la ira.
—Sí.
—Estabas en lo cierto. Tú y solo tú tienes derecho a acabar con él...
—Me estás confundiendo —murmuró el muchacho. No entendió por qué Sakti dijo eso. Si era amiga de Darius, su interés sería protegerlo. Pero, si lo pensaba mejor...—. Me ataste con mi propia cuerda... y dejaste la daga al descubierto... Sabías que me soltaría y que me lanzaría sobre ti. ¿Por qué me dejaste si...?
—Porque tú y solo tú puedes matar a Darius. Y porque sabía que te arrepentirías.
«Me arrepentí... me arrepentí... ¿me arrepentí...? Me arrepentí...».
Tú y solo tú puedes matar a Darius; nadie más tiene derecho a lastimarlo. Pero si has decidido que no le quitarás la vida, nadie más puede hacerlo. Entonces tienes una nueva responsabilidad, una nueva misión...
—¿Cuál?
Nadie más que tú puede matar a Darius. Nadie más que tú. Y por eso no dejarás que nadie lo lastime. Ahora lo protegerás. —Sus palabras resonaron en la mente confundida y cansada de Drake, crearon eco y llegaron al rincón más lejano y profundo de su corazón—. Solo tú puedes matarlo, así que acabarás con todo aquel que intente arrebatarte tu derecho. Protegerás a Darius y protegerás a tus hermanos.
—¿A Hermanos 1 y 2 también? —cuestionó, disgustado.
Sí, porque si hermanos 1 y 2 mueren, papá también morirá. Si hermanita y Connor mueren, papá también morirá. Y si tú mueres, Drake, papá también morirá.
Sakti se incorporó y caminó hacia la salida de la celda.
—Medítalo, Drake, y encuentra una respuesta. Es hora de mover el tiempo que congelaste ese día en el Pantano y creo que el reloj caminará en la dirección correcta si sigues mi consejo.
—Solo yo puedo matarlo... —repitió el muchacho—. ¿Y si lo hago? —Sakti se detuvo y echó la cabeza hacia atrás como si se fuera a carcajear; pero lo único que hizo fue expulsar un suspiro largo y cansado.
—No lloras por eso. Lloras porque estás molesto contigo mismo. Lloras porque estás asustado de lo que pueda sucederle a tu padre. Lloras aterrado por lo que has hecho. Lloras porque ya no quieres lastimar a Darius. Y cuando me vaya —agregó mientras cruzaba el umbral de la celda— llorarás porque has encontrado una nueva misión en tu vida. —Sakti apretó el cerrojo y cerró de nuevo el calabozo—. Felicidades. Llámame cuando te decidas a seguir adelante.
Otro sismo sacudió la ciudad. Un poco de polvo y arena cayó al suelo, pero las catacumbas resistirían unas sacudidas más. «Pero Irem, las Arenas y Darius no tienen mucho tiempo, a menos que haga algo al respecto».
Cuando el temblor cesó, Sakti agitó la melena para quitarse unos granos de arena. Sintió la mirada venenosa de Nefer y otras poco castas, de los reclusos más cercanos a las celdas especiales. Pero la mirada que más sintió fue la única que no estaba pendiente de ella.
Drake miró el suelo, pero los ojos le brillaron sin rastro de la depresión que atrajo a Sakti y a Connor.
No solo las catacumbas se mantuvieron fuertes. Drake también.

"Los Hijos de Aesir: El Reino de las Arenas" © 2012-2014. Ángela Arias Molina

2 comentarios :

  1. Hola angela!!!

    Tantos siglos sin pasarme... oh, esta bien, soy una exagerada. Pero tengo como dos o tres capítulos que no comentaba y tengo una excusa muy buena y razonable: la escuela.

    Todo lo que se ha desarrollado en torno a Drake a sido caotico, pero me ha fascinado. Cada vez estoy mas ansiosa por saber en que terminara todo esta historia... ¡Me tienes intrigada! Es enserio mujer, apresura un poco mas ¿Si? Por que no actualizar cada viernes en lugar de cada 15 dias >.< ¡No es justo para mis nervios!

    Darius siempre ha sido mi favorito y lo sera por los fines de los tiempos pero Drake se ha ganado un lugar en mi corazón. Es simplemente imperfecto perfecto y se que tu eras mala y no es la tipica historia cursi de amor, pero me emociono en saber que un Tonare se ha - o va - a enamorar de Sakti. Despues de todo Mark siempre me parecio muy... insulso para la princesa.

    Solo espero las cosas marchen a favor de los profetas y los hermanos. Nos estamos leyendo :)

    Anie

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    Respuestas
    1. ¡Hola, Annie! Te eché de menos, ¡muchas gracias por comentar! :D

      Con respecto a Drake, tienes razón: es un imperfecto perfecto. Es mal hablado, violento, tal vez un pelín lujurioso, muy rencoroso y casi no tiene conciencia, pero también puede ser noble en algunas cosas y, como se verá en próximos capítulos, sabe amar. Por eso me agrada mucho :)

      Con respecto a su "historia de amor", no te voy a prometer nada, pues no soy muy buena con ese tipo de historias (Darius/Njord y Sigfrid/Istar son ejemplos de esto -_-'), pero ahí veremos qué sale.

      En cuanto a publicar cada viernes... ¡NO! Si lo hago, pronto se me acaban los capítulos por publicar, ¡porque todavía no he avanzado mucho con el quinto tomo y ahorita acaba el cuarto! D: Así que lalalalala, necesito tiempo, lalalalala, para escribir más, lalalalala, necesito inspiración, lalalalala, para seguir esta loca historia, lalalalala...

      ¡Nos leemos en 15 días! (O eso espero, lalalalala).

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Ojalá que me den CRITICAS CONSTRUCTIVAS para poder mejorar en mis escritos.
No es necesario que dejen su nombre, aunque se los agradecería para poder darle las gracias cada vez que publique de nuevo, ya que quiero dar crédito a las sugerencias que me hagan.
Gracias por tomarse su tiempito y honrarme con sus comentarios. =^_____^=

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