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Prólogo

PRÓLOGO

«PORQUE NOS HEMOS CONOCIDO...»



He temido esta noche durante toda su vida, desde que vi la luz blanca del templo encenderse para anunciar su llegada al mundo.
Antes de que la luz se encendiera me preparé para ella con fervor, con la esperanza de servir a la promesa de la salvación y así disfrutar de primera mano la satisfacción de ser librado de una maldición ancestral.
Pero cuando vi la luz algo se agitó en mí. Un miedo abismal y una tristeza infinita. Cuando dio las primeras patadas en el vientre tuve que apartar la mirada para que su madre no viera que se me salían las lágrimas. Porque fue justo entonces cuando comprendí que esta noche perdería a la criatura que nutrió mis sueños durante años. A la razón por la cual elegí mi camino. A la chica por la cual conocí amigos y enemigos. A la que me dio una vida que repetiría una y otra vez con gusto.
Con el paso de los años comprendí que así fue como me liberé de la maldición. Sé que mientras los Dragones no desplieguen las alas en la torre de la ciudad de hierro, plata y jade, estoy tan maldito como un anciano, como un niño, como un recién nacido. Pero por esta vida, feliz y triste a partes iguales, siento que ya me he librado del mayor peso que cayó sobre mí cuando nací aesiriano.
Por eso bajo la espada. ¿Para qué pelear más? No tiene caso.
Ya los Dragones están en el templo. Sin importar qué hagan los vanirianos, no podrán dar marcha atrás a la Profecía. Nadie puede ya. Ni siquiera los Dragones.
Así que me retiro en silencio, con pasos firmes mientras escucho el estruendo de las espadas y los gritos de los guerreros. Algunos me miran como si me hubiese vuelto loco. De seguro piensan que estoy abandonando la lucha. En parte es cierto pero no me retiro como un cobarde. Quiero gritarles a todos para se detengan, que el resultado de esta noche no depende de mí, de ellos, de nadie, excepto de los príncipes a los que hemos lanzado al sacrificio. Pero sé que nadie me escuchará porque durante milenios hemos peleado sin descanso.
Qué absurdos somos. Qué absurdo fui.
A veces, cuando miró atrás, no puedo creer que en algún momento me pareciera natural el desprecio que hay entre aesirianos y vanirianos. Fue por ella que me atreví a creerlo, a imaginar un mundo donde las razas no importaran. Si de niño alguien me hubiese dicho que me haría amigo de algún grolien y que compartiría aventuras, chistes y tristezas con híbridos, me habría reído por lo absurdo de la idea. Pero decidí seguir el camino que mi princesa tomara y así la locura se hizo realidad. Hoy no puedo concebir un mundo en el que no existan las personas que conocí y aprecié por la oportunidad de haberlas encontrado en el camino.
Si de niño alguien me hubiese dicho que conocería el calor del sol y el brillo de una estrella en unos ojos miel, habría desechado la idea. Si me hubiesen dicho que en este mundo existe la comprensión sin que medien palabras, que es posible un enlace entre dos almas solo a través de las miradas, jamás habría creído que encontraría semejante sensación en una criatura nacida entre nieve y hielo.
Pero, de igual forma, si me hubiesen dicho que la niña destinada a salvarnos necesitaba primero ser salvada, yo no lo habría comprendido.
Ahora, sin embargo, sé que hay situaciones que se salen de nuestro entendimiento, que desobedecen nuestros planes, nuestros anhelos, incluso las ilusiones que reinaron sobre nuestras vidas.
Mi princesa es un pobre monstruo que necesita ser salvado.
Nuestras almas están en manos de seres despechados, corrompidos por la gravedad de nuestros pecados.
Sin importar qué tanto intentara protegerla con mi cuerpo, devoción y cariño, no podría apartarla de la destrucción ni aunque me destruyera a mí mismo. Aunque seguí sus pasos lo más cerca que pude, en el camino hay una valla que no puedo cruzar pero ella sí. Ella debe seguir adelante, mientras una bifurcación se aparece ante mí. Mientras los Dragones toman la decisión que nos salvará o nos condenará, yo debo tomar la decisión que me dará consuelo tras el resultado de esta noche o que me traerá arrepentimiento hasta el final de los días.
Así que avanzo por mi propio camino, pues esto es lo que significa ser salvado.
Sin dudarlo sigo las detonaciones. La estructura colapsa. Aesirianos y vanirianos huyen en desbandada para luego reanudar la lucha. Avanzo sin miedo. Entro a pesar de las consecuencias. Ignoro los escombros que se abalanzan sobre mí, los gritos de los bebés que arden en llamas del color del cielo, los zumbidos de las abejas reina. No temo a nada, pues sé que Dios no me habría permitido llegar hasta aquí para morir sin terminar el capítulo que empecé en las ruinas del desierto.
Sé quién ha hecho esto pero apenas me lo puedo creer. ¿Significa que ella también ha tomado su propio camino? ¿Significa acaso que el enlace en nuestras almas la ha hecho separarse de Vanir y sus hermanas, tal y como yo me he separado de la lucha en la ciudad? Sin que me lo diga, sin siquiera verla, sé por qué lo ha hecho: porque comprende que no tiene nada más que darle a sus hermanas, salvo librarlas de sus destinos de abeja reina.
Con las llamas las envías al Cielo, amada Lemuria. Hay bondad en tus actos crueles.
Entonces me detengo, porque sé que llegarás a mí. Doblas una esquina y estás tan bella como la primera vez que te vi, a pesar del cabello ensangrentado y las cortadas en el cuerpo.
Es por esto que he temido a esta noche durante toda su vida. Porque después de hoy perderé sin remedio a mi princesa, pero también te perderé a ti, Lemuria. Entonces ya no me quedará nada que anhele proteger. Tendré que enfrentarme al mañana sin un corazón que consolar.
Sé quién te ha hecho esto y tú sabes que yo lo sé. Así que sonreímos, porque es lo único que nos queda antes de que la función termine. Avanzo hacia ti y abro los brazos para estrecharte. Tan solo espero que Dios te conceda paz. Mientras aspiro tu perfume para guardarlo dentro de mí por el resto de mi vida, lanzo una oración silenciosa. «Gracias...».

«... porque nos hemos conocido».

—Me dejó ir —susurró ella mientras tiritaba en sus brazos.
—Y tú lo dejaste ir a él también, ¿verdad?
—Fue nuestro acuerdo. Por ti no nos mataríamos el uno al otro.
Dereck no estaba tan seguro. Lemuria se iba poco a poco, se esfumaba entre la sangre, el humo y el frío. Seguro que Sigfrid también agonizaba, también se marcharía sin ver la mañana después del día prometido. ¿Era eso un empate? Dereck no pudo contener la sonrisa, pues Dios era un bromista: la única capaz de enfrentar al legendario General Montag era la amante del discípulo del General. Si alguien le hubiese dicho semejante disparate cuando era niño, lo habría enviado a un manicomio por loco.
La sonrisa empezó a temblarle y se convirtió en un rictus de desesperación. Comenzó a temblar, casi tanto como Lemuria, y unas lágrimas traviesas se le escaparon de los ojos.
—Desearía que hubiésemos tenido más tiempo —susurró.
Besó a la mangodria en la frente. Ella levantó la mirada y lo iluminó con sus ojos miel, que brillaban con la calidez del sol.
—Ni siquiera la eternidad habría sido tiempo suficiente, Dereck.
No necesitaron palabras para despedirse. Ella se acurrucó contra él y él la estrechó en un último intento de calentarla.
A Dereck no le importó que el edificio terminara de colapsar y que los escombros lo enterraran junto a Lemuria.

"Los Hijos de Aesir: Dos Tronos" © 2013-2017. Ángela Arias Molina

2 comentarios :

  1. Con la parte de "el brillo de una estrella es unos ojos miel" fue suficiente para saber que se trataba de Derek.

    Este ha sido el prologo mas nostalgico, a mi gusto. Pero tambien el mas tierno. Al final si terminaran enamorados, Ironias de la vida, porque Derek se puso como loco cuando se entero de la procedencia de la esposa de darius.

    Hay muchas cosas que tambien me gustaron como: saber que Lemuria es quien le va a dar muerte a sus hermanas. Lo de sigfrid-lemuria-derek (osea, EL general/LA general-amante/EL discipulo) todo muy retorcidamente lindo xDD

    Cada vez con mas ganas de saber en que terminara los Hijos de Aesir. Besitos angie.

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