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Capítulo 7

Se recomienda la lectura de este capítulo junto con el mapa del continente principal.

7
EL RESURGIR



—Con cuidado —dijo Connor mientras agarraba el brazo de un voluntario—. Si jalas los cables con rudeza, se le hará un moretón en la piel y le dolerá mucho. Debes hacerlo con delicadeza.
El chico se situó al lado del iremse y le mostró cómo debía remover el cable que tenía el aesiriano en el brazo. Ese era el quinto mago dormido al que reanimarían, aunque esperaban despertar a muchísimos más en los próximos meses.
Tras un experimento inicial, el suero creado a partir de los anticuerpos y los genes de los voraces demostró ser compatible con el sistema de los aesirianos dormidos. También los sueños de Darius habían provocado variaciones en las lecturas cerebrales de algunos cuantos, por lo que la Virtuosa consideró que era el momento ideal para intentar reanimarlos.
De momento solo habían perdido a uno: al tercero que revivieron. Connor no pudo dirigir esa reanimación porque Darius había empezado a sangrar mucho de repente, así que lo tuvo que atender. Cuando el tercer aesiriano abrió los ojos, reaccionó de forma violenta porque estuvo muy desubicado y asustado. Como tampoco pudo moverse, el miedo fue todavía más terrible. El corazón le falló, los voluntarios no supieron cómo ayudarlo y murió.
Desde entonces Connor no permitía que despertaran a otro titán más si él no estaba allí para tranquilizarlo.
Para reconocerlos de los aesirianos de la época actual, los habían llamado «titanes». Cuando Connor le preguntó a Remiak por qué los apodó así, el príncipe se estremeció y dijo:
—¡Son condenadamente altos! Me recuerdan mucho al General Sigfrid y pues... él... ¡siempre será un titán ante mis ojos!
A Connor le pareció que el nombre era muy acertado. Aunque los músculos de los titanes estaban atrofiados y no se podían mover, tenían unos rasgos faciales muy fieros. La Emperatriz decía que en su época no fueron comunes las transformaciones, pero a Connor no le sorprendía: los titanes tenían un cuerpo y una apariencia muy fuerte, así que de seguro no necesitaron de una transformación.
Después de sacar el último cable, el chico y los voluntarios procedieron a insertar las agujas. Primero ataron con correas de fuerza al titán, pues, aunque en teoría no se podían mover, el segundo reanimado les dio un susto cuando saltó de la cama al ver las agujas sobre el cuerpo. Era mejor sostenerlos para que no se lastimaran. Cuando el aesiriano estuvo asegurado, el profeta y los voluntarios colocaron una serie de agujas sobre los músculos, guiándose con el diagrama del cuerpo que ofrecía el panel de la herramienta Amrit. A la vez, Connor estuvo muy pendiente de los signos vitales del titán.
Estuvo consciente de los latidos del corazón, que se hicieron más fuertes y seguros, y de la respiración, que también se hizo más profunda y regular, aunque no lo suficiente como para atreverse a quitarle la mascarilla. Connor monitoreó las lecturas cerebrales que recibía la Amrit, para calcular la etapa de sueño del durmiente. Cuando vio que alcanzó un nivel cercano a la consciencia, se introdujo en la mente de él y lo preparó para despertar.
«No tengas miedo», le transmitió lo mejor que pudo. «Estuviste enfermo de peste y te internaron en una herramienta Amrit para que te recuperaras. Ya estás bien. Sin embargo, ha pasado mucho tiempo y las cosas han cambiado. No te preocupes. Aunque no entiendas nada cuando despiertes, estarás a salvo. Todos estamos aquí para ayudarte».
—Dale la mano —le dijo a uno de los voluntarios. El iremse tragó fuerte, pero apretó la mano del titán—. No te preocupes, no podrá apretártela muy fuerte, así que no te lastimará. —La mano del titán era tan grande que bien podría destrozarle los dedos… claro, si tuviera fuerza al despertar—. Recuerda sonreír.
Connor solo se podía imaginar lo difícil que sería despertar en esas condiciones, con tres desconocidos encima poniéndole agujas, sin moverse, sin entender ni pío de lo que hablaban los extraños. Aún así lo maravillaba el proceso. Nunca jamás imaginó que participaría en algo tan emocionante como reanimar a personas que estuvieron dormidas durante milenios, o que aprendería tanto sobre medicina en el desierto. Hasta la técnica de las agujas le parecía muy innovadora para tratar puntos de presión, mejorar el fluido sanguíneo y la atrofia muscular.
Las luces de la sala bajaron de intensidad. El voluntario que sostenía la mano del durmiente contuvo la respiración. El otro iremse, que también metía agujas, se inclinó un poco para ver el rostro del titán; y Connor se mordió los labios, entusiasmado. Las luces siempre disminuían cuando el paciente estaba a punto de despertar, para no deslumbrarlo.
Los párpados del titán temblaron un poco y luego se entreabrieron. Unos segundos después inspiró una rápida bocanada de aire, abrió los ojos de golpe e intentó saltar sobre la camilla, pero apenas si pudo despegar la cabeza del almohadón. Los ojos se le movieron de un lado a otro, como si intentara reconocer en dónde estaba, y la respiración se le agitó mucho. Aún así los voluntarios nunca lo soltaron y Connor se inclinó sobre él con una lamparita portátil –la Virtuosa lo llamaba «foco»–, para revisarle las pupilas, que las tenía dilatadas.
El titán arrugó la cara y gimió por la luz, pero después la respiración se le reguló. Connor supo que debía de estar escuchando la explicación programada por la Virtuosa, donde le resumía qué sucedía y que todo estaría bien. Esa explicación fue una de las medidas que Connor solicitó después de la pérdida del tercer durmiente. Si alguien con telepatía lo hubiese preparado al despertar, no habría estado tan mortificado; igualmente, si hubiese tenido una explicación en su propio idioma quizá se habría calmado.
Las pupilas del titán se contrajeron y Connor vio un par de iris rojos como las flores. Era curioso que, a pesar de los miles de miles de años que los separaban de los aesirianos actuales, los titanes tuvieran ojos tan similares. El chico esperaba que esa fuera una de las similitudes que permitieran a los titanes convivir con los magos de la época sin problemas.
Después de la primera revisión, la luz de la habitación Amrit se restableció. El titán gimió de nuevo –aunque con dificultad, como si hasta los músculos de la garganta no le reaccionaran– y cerró los ojos. Connor se los cubrió con una venda, le envió un último pensamiento de bienvenida y dio las indicaciones finales a los voluntarios.
—Cuando terminen de ponerle las agujas, asegúrense de que entre en una leve etapa de sueño.
Como habían dormido por mucho tiempo y muy profundo, la Virtuosa temía que dormirse de nuevo de forma natural tan pronto les provocara un coma. Por eso, parte de las respuestas programadas a las Amrit era un juego de memoria que los titanes debían realizar mientras les ponían las agujas. Luego los voluntarios debían programar las herramientas para que ayudaran a dormir a los titanes en una etapa ligera de sueño, en la que mantuvieran el cerebro activo.
En las próximas 120 horas el titán solo podría estar en cama mientras las agujas enviaban impulsos eléctricos para que los músculos se fortalecieran. Tampoco podría dormir tranquilo, pues la Amrit estaba programada para despertarlo incluso del sueño ligero cada cierto tiempo. Después, cuando la primera parte del tratamiento estuviera completa, el titán necesitaría terapia física para aprender a caminar y moverse de nuevo, además de clases de idioma, de historia y socialización. Solo entonces podría salir de la habitación Amrit, ser asignado a una familia o grupo y unirse al nuevo mundo que lo esperaba.
Era un proceso bastante tedioso, pero nadie nunca les dijo que sería fácil. A veces Connor quería despertar a dos o tres en un solo día, pero como era el único médico con telepatía temía estar lejos y no poder calmar a uno si entraba en pánico. No quería tener la muerte de otro durmiente en la consciencia. En realidad, no quería tener más desgracias en la consciencia.
Dejó que los voluntarios terminaran de hacerse cargo del titán, porque Connor no se quedaría en Edén para siempre. Cuando él partiera al continente principal otras personas debían hacerse cargo de la reanimación de los titanes. «Cuando encontremos a uno con telepatía, le enseñaremos el proceso para despertar a los demás». Esa esencia nunca fue muy común entre los aesirianos, pero la Virtuosa estaba segura de que unos dos o tres durmientes debían de tenerla. Lo importante era encontrarlos.
El muchacho avanzó por los pasillos que formaban las herramientas Amrit hacia la pequeña sección dedicada a los aesirianos del desierto. En el camino encontró al príncipe Merkaid, que avanzaba con ayuda de un voluntario.
—¿Qué pasa? —preguntó Connor al ver que el príncipe estaba algo pálido.
Aunque la Amrit en la que estuvo hospitalizado le sanó todas las heridas, Merkaid había desarrollado patrones de comportamiento un poco erráticos. La muerte de su escudero lo afectó mucho, pues tenía pesadillas frecuentes con las llamas púrpuras que consumieron a Soel. Connor no culpaba a Merkaid, pues él también tenía síntomas de trauma.
Tenía pesadillas sobre Kiria.
Cuando soñaba con la mangodria, ella lo miraba con repulsión y lo encadenaba al triturador. Mientras se transformaba en la fea reina abeja, activaba la palanca para matarlo. También soñaba con Sakti cortándose el brazo izquierdo, luego el derecho, las piernas y finalmente la cabeza –aunque él no sabía cómo lo hacía–, para irlo a salvar.
Si eso lo afectó tanto, no podía ni imaginarse cómo se sentiría tras ver a una persona querida ardiendo en llamas. Por eso compadecía a Merkaid.
—Allena no está en ninguna parte —dijo el príncipe, a la vez que movía la cabeza de un lado a otro, como si esperara encontrar a Sakti en alguna de las Amrit—. Dereck la está buscando como loco. Pronto tenemos la reunión.
Connor asintió. Aunque él creía que Sakti todavía debía descansar, la chica ya se levantaba y daba paseos ocasionales, aunque casi siempre con Dereck. A él no le parecía que estuviera lista para hacer tareas extenuantes o asistir a reuniones políticas, pues temía que la agotaran, pero a Sakti no parecía importarle tener que trabajar. Si no fuera porque a veces ella decía cosas fuera de lugar, hasta Connor se creería que estaba bien. Pero en ocasiones Sakti hacía mención de sucesos que nunca ocurrieron, así que el chico creía que ella también había desarrollado comportamientos erráticos.
Eso le dolía, porque era culpa suya. Si no se hubiese dejado atrapar por Kiria, Sakti no habría tenido que cortarse un brazo para salvarlo. Si no se hubiese cortado el brazo, no estaría traumatizada.
—Está bien, yo la encontraré —le prometió a Merkaid.
El príncipe se retiró en compañía del voluntario. Connor torció el gesto. «Él tampoco está en condiciones de asistir a reuniones políticas». Con suerte los otros príncipes lo notarían y no lo presionarían a trabajar en el plan de rescate a Masca.
Connor avanzó en silencio. Antes de doblar la esquina que lo llevaría a la sección de los magos actuales, cambió de ruta. Se metió por una serie complicada de pasillos en donde había más Amrit y más durmientes, guiado solamente por una corazonada. Luego se acuclilló debajo de una camilla desplegada y sonrió.
—¿Qué haces aquí, Allenita?
La muchacha tenía las piernas recogidas y se las abrazaba con el brazo derecho. Ella levantó la mirada y respondió muy seria:
—Me escondo de Dereck.
—... ¿Por qué?
—Porque Darius dijo que eso es lo que yo hago —respondió ella, todavía muy seria, como si jugar a las escondidas fuera un deber.
Connor frunció el entrecejo. Él notó el extraño comportamiento de Sakti muy tarde, más de dos semanas después de que la chica se cortara el brazo. Como Freki quedó atrapado en la pelea entre el Segundo Dragón y el Fafnir contaminado, quedó muy herido, con infinidad de quemaduras. Estuvo tan grave que Connor creyó que no se recuperaría. Por eso dejó a Sakti al cuidado de las Amrit durante los primeros días y se encargó de cuidar con mimos y ungüentos las heridas del lobo-dragón. Para cuando se hizo cargo del control médico de la princesa, ella ya había desarrollado un comportamiento peculiar.
«Bueno, en realidad ella siempre fue peculiar», pensó. Solo que ahora lo era más. Además de mencionar sucesos irreales de vez en cuando, también tenía problemas para recordar lugares y personas. A veces era como si a ella también se le olvidara quién era.
Ahí era donde entraba Darius. Connor no supo si cometió una imprudencia al pedirle a su papá que, como mejor amigo de la princesa, la apoyara en esos extraños lapsus. En ocasiones el chico tenía la impresión de que Darius quería esconder algún comportamiento de Sakti, como si le diera instrucciones de cómo debía actuar para que nadie se diera cuenta de que estaba algo... tocada de la cabeza. Pero si se ponía a pensarlo, Darius nunca haría algo así de mala voluntad. «Allena es una princesa», se recordó el muchacho. «No sería bueno que sus tíos, primos y súbditos la creyeran loca. Papá solo quiere protegerla de los rumores».
Pero a Connor no le gustaba eso. Si Sakti estaba tan mal de la cabeza, él quería cuidarla, ayudarla a recuperarse. Era lo menos que podía hacer por ella. Pero si la chica y Darius no confiaban en Connor como para decirle que algo iba mal, ¿cómo podía él ayudar? En esos casos la confianza era fundamental. Por eso le había pedido a Darius que lo ayudara con Sakti, porque ella confiaba en el mestizo como en nadie. De hecho, ahora más que nunca Connor se daba cuenta de lo mucho que la princesa necesitaba a Darius, porque, desde antes de que Connor la revisara, ya había recurrido al mestizo para esconder sus extraños patrones de comportamiento. Todo lo que Darius le decía, ella lo hacía.
De repente Connor escuchó un grito lejano y la consecuente llamada de atención de la sincronización, que le pedía al oficial de alto rango que se callara de una buena vez. Después de todo, estaban en un hospital.
—Ven —dijo el chico mientras extendía una mano a Sakti—. Dereck te busca como loco. Si sigue así, los Fafnir vendrán a llevárselo antes de que él te encuentre.
—Ese es su trabajo —dijo Sakti, todavía con seriedad—. Él debe encontrarme.
La chica salió de su escondite y siguió a Connor con obediencia. El chico no sabía si debía estar agradecido con lo bien que se lo tomaba Sakti al verlo, o si debía estar preocupado. Él todavía no sabía cómo asimilar lo que le había ocurrido a su amiga y no podía encontrar las palabras adecuadas para disculparse por lo que la hizo sufrir. Todo lo que podía hacer era tratarla con cariño y cuidarla tanto como le fuera posible.
Cuando al fin alcanzaron la sección de los aesirianos actuales, encontraron a Darius sentado en su camilla, con un libro en una mano y una sonrisita malosa en los labios.
—Eres terrible, papá —lo regañó Connor—. El pobre Dereck suena como si tuviera los nervios hechos polvo.
«Y no tiene la culpa», pensó. «Después de lo que le pasó a Allena...». Vio el hombro herido de su amiga y se estremeció. Dereck se sentía tan culpable como él, pues el soldado tenía la tarea de evitar que ese tipo de cosas le pasaran a Sakti. Cada vez que la perdía de vista, Dereck enloquecía porque no quería ni imaginar que la chica sufriera un rasguño sin él cerca para evitarlo.
—Bueno, si alguien me dejara salir de aquí a dar paseos no tendría que acudir a estas artimañas para divertirme —se defendió Darius, a la vez que le guiñaba un ojo a Sakti, como un chiquillo travieso.
—Tienes libros para entretenerte, papá.
—Sí, pero no los puedo leer. —Darius se acercó el libro a la cara, a la vez que entrecerraba los ojos—. No puedo hacer nada sin gafas.
—Te presto las que me diste.
—Te las di porque ya no me servían.
—¿Entonces vas a seguir torturando a Dereck?
—Si es lo único que tengo para entretenerme...
Connor giró los ojos. Darius no era el tipo de persona que disfrutara molestando a otros, pero en verdad estaba harto de estar recluido en una camilla. Le había pedido una y otra vez a Connor que lo dejara acompañar a Sakti en las caminatas que ella tenía que hacer, pero el chico temía que se le abriera la herida. Si eso pasaba, ¿a quién le tocaría cerrársela? A Connor, claro; él lo haría con gusto, siempre lo hacía, pero estaba emocionalmente agotado por la condición de Darius, las quemaduras de Freki, el brazo faltante de Sakti... No quería agregar otra preocupación más con Darius en algún punto de Edén con las tripas por fuera.
—Todavía no he podido conseguirte unas nuevas, papá, pero pronto lo haré. Así que deja de molestar a Dereck.
«Y de hacer que Allena actúe tan raro», agregó para sus adentros. Sakti se sentó al pie de la camilla de Darius, lo miró largo rato y al final dijo:
—Empezaste a usar gafas en invierno. —Él asintió.
—Me dio un resfrío y por eso creí que no podía leer, porque tenía los ojos llorosos. —Sakti entrecerró los ojos, como para terminar de armar el incidente, y agregó:
—Cuando dejaste de estornudar, Zoe me dijo que casi no podías ver. Tenía miedo de que te quedaras ciego.
—Qué ideas. —Darius negó con la cabeza, aunque tenía una sonrisa tierna en los labios, conmovido por la preocupación de su hija—. Solo tenía trece años, pero todavía no me creo que pensara que un resfrío me iba a dejar ciego.
Sakti recordó el resto muy bien. Ella se aseguró de llevar un oculista –sin uniforme militar– a la casita del lago, para que revisara a Darius. El doctor aprovechó para revisar a los chicos también, pero el único que tenía problemas de vista era el mestizo. La princesa también recordó que el doctor se enojó mucho porque a nadie se le ocurrió revisarle los ojos a Darius antes y, además, porque el profeta tenía la mala costumbre de forzar la vista en las noches con una vela, para leer. Al parecer, enojarse con los pacientes descuidados era algo común entre los médicos, porque Connor también se enojaba cuando Darius, los gemelos, los lobos o Sakti no seguían sus indicaciones para recuperarse de heridas o enfermedades.
—Al final —terminó el profeta—, me conseguiste unas gafas. ¿Te acuerdas bien de eso, cariño?
—Yo no te conseguí las gafas, fue...
Se quedó callada, porque recordó a tiempo que no podía decirle que Enlil pagó al oculista y las gafas. Sakti todo lo que hizo fue escoger el modelo y llevar a Darius los lentes protegidos en un estuche.
—¿Quién crees que fue? —preguntó Darius después de intercambiar una mirada preocupada con Connor. Sakti negó con la cabeza.
—No, nada. Fui yo. Es que no me acordaba si Adad también estuvo allí cuando te las di —medio mintió la chica, porque, a decir verdad, no podía recordar si su hermano estuvo en la casita del lago cuando Darius empezó a usar gafas.
Fue en ese momento cuando llegó Dereck. Desde hacía rato escucharon sus pisadas apresuradas, pues el soldado corría de un lado para otro en busca de la princesa. Cuando la vio tan fresca y cómoda en la camilla de Darius, corrió hacia ella y medio la abrazó y medio la zarandeó.
—¡¿Por qué siempre me hace esto?! —preguntó el soldado, mitad enojado y mitad triste.
—Darius me dijo que es lo que hago —respondió la chica mientras levantaba los hombros. El Guardián miró con ojos chispeantes al profeta, pero al que amenazó fue a Connor:
—Déjalo salir a pasear porque estoy harto de que me agarre de chivo expiatorio. La próxima vez que me lo haga, lo zarandeo aunque eso signifique que se le abra la herida.
Lo dijo tan en serio que Connor temió que cumpliera con su palabra, así que no tuvo más remedio que aceptar.
—Pero será tu responsabilidad —lo amenazó el chico—. Si a papá se le abre la herida mientras está en esas caminatas, me aseguraré de que te desangres tú antes que él.
Luego se pusieron serios. Mientras Dereck preparaba a Sakti para la reunión con sus tíos, Connor los puso al tanto del estado de los titanes. Esa información ya debía de conocerla la Emperatriz, pero era mejor que Sakti también la manejara al dedillo antes de reunirse con los príncipes.

****

En la Sala del Trono se colocó una amplia mesa de mármol, con lugar suficiente para los diez príncipes de las Arenas sobrevivientes, además de unos cuantos Ministros de guerra, arqueólogos expertos, soldados de alta categoría y los gemelos.
—Al fin esta payasada del título militar dio resultado —le susurró Dagda a la princesa cuando la chica entró en compañía de Dereck y los últimos invitados a la reunión.
Los gemelos estaban muy satisfechos de participar, pues eso significaba que finalmente conseguirían los refuerzos para salvar Masca. Lástima que se necesitaron muchas horas, reuniones y días para llegar a un acuerdo.
El primer punto que se tocó fue el nombramiento de nuevos escuderos. Con la muerte de Soel –el escudero de Merkaid– y Ariel –el de Uruk–, se nombró a dos alados de la familia Del Varten como nuevos guardaespaldas. Eso habría sido sencillo y rápido de no ser por que las normas de selección eran muy quisquillosas: incluían los rangos etarios de los príncipes y los posibles nuevos escuderos, así como a qué rama de la familia de alados pertenecían y un largo etcétera que, en opinión de los gemelos, no importaba ni un comino.
Algo tan sencillo como el nombramiento de dos soldados requirió toda una tarde de discusión entre los príncipes, los Ministros de guerra y los escuderos presentes.
Luego siguió un análisis de las condiciones de la Ciudad Perdida y, por tanto, el desierto.
Los vanirianos atacan las secciones este desde hace varios días, informó la Emperatriz, en lo alto del Hlidskjalf-2. Cuando los Ministros de guerra y los príncipes le preguntaron por qué no había dicho nada antes, ella simplemente alzó los hombros y dijo que no tenía importancia. Toda la estructura está resguardada con la capa de protección marmórea. No podrán hacerle daño.
Los arqueólogos también participaron al dar observaciones sobre cómo quedaría el mapa del Reino de las Arenas una vez que la estructura se hubiese levantado; asimismo, hicieron cálculos sobre en dónde encontrarían las ciudades flotantes que se habían acoplado a Edén hace muchos milenios. Esas ciudades tendrían más Fafnir, Amrit, titanes y, con suerte, armas para el rescate de la Capital aesiriana.
Eso generó una nueva discusión que duró varios días.
—No podemos pensar en enviar refuerzos a Masca cuando todavía tenemos el riesgo de una invasión vaniriana en el desierto —sentenció furioso Hundrian. Raziel y todos los Ministros de guerra lo apoyaron.
—El desierto tiene herramientas Fafnir y una mega estructura sincronizada para defenderse —lo riñó uno de los gemelos—. Masca no.
A él lo apoyaron su hermano, Remiak, Morak y Merkaid.
—Estamos a punto de extinguirnos —comentó después Jaliar, el rector de la Academia de las Arenas—. Si no pensamos pronto en cómo perpetuarnos, dentro de unos años no habrá aesirianos voladores ni aesirianos voraces. Las líneas militares del Imperio se alimentan de soldados con estas características, pero casi no hay voraces en el continente principal y allá no tienen ni un solo mago alado.
A Sakti le tocó ponerlos al tanto de las condiciones de los titanes. Fue bueno que Connor se lo explicara antes, pues aunque la Virtuosa sabía cómo estaba la situación con los durmientes, los príncipes tenían expectativas muy distantes a la realidad.
—Si ya tenemos las condiciones para despertarlos —sugirió Remiak—, deberíamos hacerlo. Los necesitamos para todo: trabajo, reproducción, fuerza militar...
—Todavía no pueden luchar. El primer durmiente apenas empezó la terapia física —recalcó la princesa—. No podemos esperar que reaccionen tan rápido y tan bien al cambio de época.
Les puso el ejemplo de los dos primeros titanes. El primero se llamaba Elian, medía más de dos metros de altura, pero era tan delgado que todas las costillas se le marcaban. Los músculos todavía estaban algo débiles, así que necesitaba ayuda para caminar. Casi no daba problemas, excepto cuando tenía arrebatos de melancolía. Ni los voluntarios ni Connor sabían muy bien qué hacer cuando se ponía así, pues si intentaban animarlo lo encabritaban y si lo dejaban a solas entraba en pánico. Las dos opciones eran malas, porque, aunque Elian todavía estaba débil, no era sencillo dominar a un tipo de su estatura ni con palabras ni con fuerza.
El segundo titán tenía un nombre impronunciable, así que Connor lo llamó Ceri, que sonaba parecido. Éste asimilaba mejor los cambios repentinos a los que estaba expuesto tras abrir los ojos y tenía un carácter afable. Pero, a diferencia de Elian, todavía no podía comer ni siquiera alimentos licuados, pues todo lo devolvía. Dependía de una vía en el brazo para ser alimentado, así que no podría tomar una espada pronto, como lo quería Remiak.
Todo esto los llevó a decidir que el último terremoto se aplazaría por varios meses.
—A lo que entiendo —comentó Jaliar—, la capa de protección marmórea debería retirarse una vez que todo Edén esté en la superficie. Así no habría gasto de energía.
La Virtuosa asintió. La capa de protección era eficiente contra las consecuencias de los temblores y los intentos de invasión de los vanirianos sobrevivientes. Pero requería de mucha energía y, en realidad, no tenía sentido tenerla desplegada una vez que Edén estuviese en la superficie.
—Cuando toda la Ciudad Perdida haya resurgido, debemos contar con los recursos para defenderla. Los titanes deben estar en condiciones de ayudar.
Así que en contra de la voluntad de Connor, comenzaron a despertar a cinco titanes por día. Sakti lo lamentó mucho por él, pues el pobre chico casi no daba abasto. Lo bueno era que había muchos voluntarios interesados en ayudar a los titanes, aunque quizá solo tenían una enorme curiosidad por ver a los famosos durmientes.
Cuando se decidió que Edén resurgiría con los primeros titanes ya incorporados a las líneas aesirianas, fue posible iniciar las negociaciones para lidiar con las invasiones en el desierto y en Masca.
—No debería ser difícil acabar con la invasión que nos afecta —apuntó uno de los Ministros de guerra—. Se ha confirmado la muerte de una mangodria y el oficial Sunkel afirma que le disparó a otra en el corazón. Si no murió por la flecha, debió perecer por la caída.
Aunque no tenían el cuerpo de Lemuria para constatar la muerte, sí tenían el de Kiria. Eso era suficiente para aliviar la preocupación de muchos y saciar la curiosidad de la Emperatriz, quien hizo una serie de experimentos para comprender la naturaleza de las abejas reinas.
Para futuras experiencias, les comunicó, es buena idea hacerlas transformarse. Parece que sus cuerpos no soportan los cambios, como sí pueden hacerlo los aesirianos. El simple hecho de transformarse deteriora todo el sistema.
Esas eran buenas noticias, en especial porque todos estaban seguros de que la invasión en Masca estaba liderada por al menos una mangodria. En este punto fue importante la colaboración de Sakti, quien estaba más familiarizada con las Generalas de Vanir.
—La última mangodria de la que sé se llama Abigahil. Puede usar fuego verde, que tiene el poder de destruir todo cuanto toca. Sin embargo, no estoy segura de que sea la última abeja reina de Vanir. No sabía antes de la existencia de Kiria, así que puede que tenga otras más como ella.
—Y también debemos recordar las mangodrias que hicieron nidos en Edén —apuntó Ryaul, quien, aunque nunca vio un panal, creía ciegamente en el relato de Sakti.
Pero ni siquiera la Emperatriz tenía claro por qué esas mangodrias pudieron crear panales en Edén aunque ya estaban transformadas, cuando en cambio Kiria colapsó. Se habría muerto aun cuando Connor no le hubiese dado el golpe de gracia. Pero para consolarse, la Aesir había encontrado una respuesta a los poderes de las mangodrias.
Nacen con esencias especiales, les explicó a la vez que un Fafnir se acercaba a la mesa y colocaba en el centro una piedra que brillaba con una intensa luz púrpura. En mi época había criaturas con poderes que los aesirianos no teníamos, como la curación. Solo algunos dragones tenían ese poder.
En la mesa todos asintieron, pues pasaba exactamente lo mismo en la actualidad. Sin embargo, eran comunes las historias de cazadores de dragones, unicornios y sirenas, quienes los atrapaban para quitarles esas esencias especiales y así obtener poderes que ni siquiera los aesirianos tenían. Cuando vieron la piedrecilla púrpura, comprendieron que la Virtuosa se la había quitado a Kiria antes de que el poder se desvaneciera.
Lo usaremos como arma, sentenció la Emperatriz. Usaremos sus recursos contra ellos, tal y como hicieron con nuestros castillos flotantes.
Pero la esencia de Kiria sirvió para mucho más. Después de otro experimento, la Virtuosa logró crear una sustancia derivada de la piedra, la cual permitió tratar mejor a los titanes conflictivos. Con la medicina les disminuía el miedo, el dolor y los hacía más confiados, para que aceptaran mejor la nueva época y a los aesirianos que estaban junto a ellos al despertar. El único inconveniente era que si se abusaba de la sustancia podía generar adicción y unos feos síntomas de desintoxicación cuando se la retiraba a los pacientes.
Gracias a este nuevo hallazgo, Connor tuvo muchísimas facilidades para tratar a los titanes. El proyecto de reanimación se agilizó y, con eso, el inminente tercer terremoto.
—Muchos de los titanes reanimados hasta ahora fueron militares —informó un día Adad— y están dispuestos a rescatar la Capital una vez que estén completamente recuperados.
El príncipe heredero tenía facilidad para relacionarse con las personas. Su carisma innato lo llevó a visitar a varios titanes para aprender de ellos y hablar su idioma. Como Adad ya conocía bastante de aesiriano antiguo, pudo comprender de los durmientes y hasta ya había trabado amistad con varios de ellos. Impulsados por su ejemplo, los otros príncipes se animaron a interactuar con los titanes aunque el que obtuvo mejores resultados siempre fue Adad.
Pensando en que contarían con el apoyo de los titanes, tanto para proteger las Arenas como para rescatar Masca, los planes para salvar la Capital comenzaron a tomar forma. Lo primero fue pensar en el medio de transporte, lo cual se solucionó con rapidez.
—Hay suficientes buques en el archipiélago sur para enviar dos escuadrones de soldados al continente principal —informó Jaliar.
Los números sonaban pequeños, pero la Emperatriz estaba segura de que con el resurgimiento de Edén podrían conseguir más barcos. Tal y como los trenes se conservaron en las estaciones, explicó ella, debe de haber buques conservados en los muelles de las viejas ciudades con puertos.
Esto provocó un grito de exclamación de Ryaul, quien soltó:
—¡Ay! ¡Qué daría por encontrar las otras ciudades, las acuáticas!
Sin siquiera habérselo propuesto, el arqueólogo gordinflón les dio una nueva idea: buscar las ciudades submarinas que debían de estar en alguna parte, en medio de los dos continentes aesirianos.
—Felicidades —le dijo Remiak, sonriente—. Ahora eres el encargado de buscarlas.
Al principio Ryaul no supo cómo reaccionar, pues ¿cómo diablos encontraría esas ciudades? Una cosa era excavar en el desierto en busca de ruinas, pero otra era sumergirse en el mar en busca de ciudades perdidas. Por suerte Sakti le dio una idea:
—Pide ayuda a las sirenas y tritones del océano. Una vez conocí a uno que encontró un núcleo universal. Si lo piensas bien, ese núcleo solo pudo venir de una ruina de Esplendor. Si él supo en dónde hallarlo, seguro que las sirenas también lo saben.
Si por un milagro daban con las ciudades acuáticas y con todas sus maravillas –más Fafnir, más Amrit, más titanes–, entonces tendrían en el océano fuentes adicionales de soldados y tecnología para los dos continentes. Sin mencionar, además, que le quitarían a los vanirianos parte del dominio que ganaron en altamar.
Ya el transporte en mar estaba resuelto, así que lo próximo que pensaron fue el poder de combate. Aun con los titanes, todavía no había suficientes números de aesirianos para rescatar la Capital o mantener a salvo las Arenas. Aunque a Hundrian no le hacía gracia, la Emperatriz estaba dispuesta a que dos tercios del total de guerreros en Edén partieran a Masca, pues con las herramientas Fafnir tenían suficiente poder de defensa y ataque.
—¿Y qué? —soltó Hundrian—. ¿Es que acaso en Masca no hay Fafnir? ¡También fue la Capital durante el periodo de Esplendor!
Por supuesto que tenía Fafnir, pero... La Emperatriz hizo una de sus raras pausas. No estoy segura de que todavía funcionen.
El proceso de manutención de un Fafnir era algo complicado. Cada cierto tiempo sus núcleos universales debían ser reprogramados con una serie de algoritmos. Fue por eso mismo que al principio –cuando los aesirianos del desierto encontraron las ruinas y los vanirianos comenzaron a invadirlas–, los Fafnir no reaccionaron. La Virtuosa necesitó mucho tiempo para reprogramar los núcleos y ponerlos a funcionar. La mayoría de los príncipes no entendió toda la explicación de la Emperatriz, pero Jaliar se los hizo más fácil:
—Solo un Aesir puede reprogramarlos cuando tiene una sincronización al cien por cierto. Por eso la Virtuosa duda de que los Fafnir en Masca estén en condiciones, pues no todos los Emperadores se han podido sincronizar con la Capital al máximo.
Además, la Virtuosa les explicó que los Fafnir en el continente principal no se conservaron en mármol, como en el desierto. Allá utilicé otro método de creación, pensando en que no todos los Emperadores serían capaces de reprogramar los Fafnir. Cuando el complejo de Edén sufrió una infección de peste, yo estaba precisamente aquí porque quería actualizar el método de conservación de los Fafnir. Quería implementar los embriones.
La Aesir les explicó que los Fafnir, aunque eran criaturas artificiales, tenían etapas de desarrollo similares a los seres vivos. Empezaban como embriones, mutaban en niños y luego en adultos. Por eso los había tanto machos como hembras, para garantizar que entre ellos mismos mantuvieran los números aun cuando fueran destruidos durante la ejecución de alguna misión, como la cacería de criminales, monstruos, etc.
Los primeros Fafnir que creé fueron andróginos; de hecho, todavía hay algunos así en Edén. Ellos son los que tuvieron la función original de resguardarse y circular a través del mármol. En Masca creé los Fafnir con género definido y de ahí los exporté al resto de estructuras.
La Aesir les explicó que tuvo tiempo suficiente para implementar miles de herramientas Fafnir con género definido antes de morir en Edén. Poco después de su muerte, el complejo colapsó por las reacciones adversas producidas por la epidemia y, al igual que el resto de núcleos universales, los Fafnir tuvieron una reacción automática. Imitaron la programación de los Fafnir andróginos y se conservaron en el mármol. Pero en el continente principal los Fafnir de género definido no contaban con Fafnir andróginos para imitar esa función.
Eso significaba que los Fafnir adultos en las ciudades del continente principal –Masca incluida– no pudieron imitar la reacción y conservarse en mármol ante la falta de Emperadores que reprogramaran sus núcleos.
Pero no todo estaba perdido, pues la Aesir estaba segura de que todavía había embriones en los niveles inferiores de algunas metrópolis. Las ciudades cabecera tienen copias del Hlidskjalf, lo que quiere decir que tienen mejor conexión sincrónica con Masca. Por eso mismo diseñé en ellas pisos inferiores con temperaturas bajo cero para conservar los embriones de los Fafnir. Mi idea era que, cuando los Fafnir cumplieran con su ciclo de trabajo y tuvieran que ser reprogramados, fuesen destruidos o reciclados por las futuras generaciones de Emperadores. Luego los Fafnir desechados serían reemplazados por los embriones.
Esos embriones se desarrollarían a partir de pulsaciones generadas por la sincronización de un Aesir, sin importar que ésta fuera menor al cien por cierto. Los embriones se convertirían en niños y, después de unos días de recarga de energía y de configuración, evolucionarían en adultos. Entonces estarían listos para cumplir con sus tareas.
Así que si querían herramientas Fafnir para que lucharan en el rescate de Masca, todo lo que tenían que hacer era buscar los embriones y dejar que el Emperador los cargara mediante la sincronización. Lástima que en Masca no había embriones.
—¡Maldita sea! —soltó Hundrian, furioso, a la vez que golpeaba la mesa con los puños—. ¡Qué putas! ¿No que era una genio? ¡Más bien parece una idiota! ¿Cómo es que «se le olvidó» poner embriones en la Capital?
A favor de su tío, Sakti debía decir que el antiguo regente tenía agallas. Solo él se atrevería a gritarle a una Virtuosa, una vieja Emperatriz, una genio sin igual y una poderosa hechicera. «Pero más que valiente, es idiota», pensó la princesa. Por la cara que pusieron Remiak y los demás, supo que ellos creían lo mismo.
Todos sintieron el disgusto de la Aesir a través de la sincronización. Pero antes de que ella dijera algo –o hiciera que salieran cables de la sala para estrangular a Hundrian–, alguien la defendió:
—¡Alteza, no diga eso! Masca tiene todas las ventajas obtenidas en el periodo de Esplendor, ¡incluso tiene más avances tecnológicos que la Ciudad Perdida! Es solo que no cuenta con la última actualización, porque la Emperatriz solía hacerlas en las ciudades más pequeñas primero para ir encontrando fallas y mejorándolas, y así llevar la tecnología más desarrollada a las ciudades principales. Siempre actualizaba la Capital de último, para que Masca tuviera la mejor versión de todos los inventos. De seguro que iba a aplicar los embriones en la Capital después de implementarlos en Edén, ¡pero se murió antes de que pudiera hacerlo! ¡Ay, qué triste, qué triste, qué triste!
Como el enojo en la sincronización se desvaneció, todos supieron que la Virtuosa estaba muy satisfecha con la defensa de Ryaul. Y como el arqueólogo no hacía más que ver con ojos chispeantes y alegres a la Emperatriz, todos supieron que estaba enamorado de ella.
—Bueno, ¿entonces cómo hacemos? —preguntó Dagda—. ¿Llevamos algunos Fafnir de aquí hasta allá?
No, lo corrigió la Virtuosa. Utilizaremos los Fafnir en la ciudad más cercana a Masca.
Las ciudades cabecera más cercanas a la Capital eran Tyr, Llain y Draer, del Norte, Este y Sur respectivamente.
Draer era la más cercana, pero para llegar a ella, los buques del desierto tendrían que bordear las costas este y sur del continente, lo que alertaría a los vanirianos del contraataque. Además, si el ejército viajaba desde Draer hasta Masca tendría que bordear el Pantano. Esto disminuía las posibilidades de éxito porque además de los vanirianos tendrían que vérselas con demonios.
Para llegar a Llain, los buques de guerra tendrían que anclar primero en Norishka, luego las tropas tendrían que recorrer la Planicie y las montañas y salvar la ciudad del control vaniriano. Solo eso quitaría mucho tiempo y el viaje en la Planicie pondría en desventaja al ejército, porque no podrían esconderse ni dar un ataque sorpresa a las fuerzas vanirianas.
Tyr parecía la opción más segura, pues la última noticia que tenían de ella era que todavía estaba libre gracias al rescate que realizó el príncipe Kardan hacía unos años. Además, Tyr tenía la ventaja de contar con rutas ferroviarias que lo comunicaban con tres ciudades: Torres Hale, Nil y Aulden.
—Torres Hale está cerca de la Fortaleza Kranvella —dijo Dereck mientras señalaba el mapa del continente—. Si una parte de las tropas desembarca aquí —señaló un punto entre Kranvella y las Torres, donde no había puerto—, podríamos realizar un rescate militar sin que los vanirianos lo sospechen. Podríamos salvar a los soldados en Kranvella, tal y como lo hicimos con la Academia de las Arenas.
—Entonces tendríamos más fuerza militar —comprendió Remiak—. Es un buen plan.
De Kranvella partirían a Torres Hale y ahí tomarían el tren a Tyr. Dereck también sugirió que parte de la flota aesiriana desembarcara en Puerto Martillo, para que diera fuerza de respaldo a las tropas que marcharan a Kranvella. Otra parte de las naves llevaría a algunos soldados cerca de Nil, para que de ahí viajaran a Tyr. Si el plan de rescate a Kranvella no resultaba, aún tendrían fuerza militar para salvar Masca; además, Kranvella también sería una buena fachada que llamaría la atención de los vanirianos mientras que una fuerza aesiriana significativa marchaba a escondidas hacia Tyr.
En Tyr recogerían los embriones Fafnir antes de que los vanirianos se dieran cuenta; luego utilizarían los trenes para transportarlos hasta Aulden...
... y en Aulden utilizarán los túneles subterráneos que llevan hasta Masca... o casi. La Emperatriz les explicó que aunque Masca tenía túneles y una serie de vías subterráneas que conectaban con el exterior, también tenía murallas subterráneas que les impedirían el paso. Para traspasarlas se necesita una serie de códigos sincrónicos, pero no creo que el Emperador los conozca ni tenga la energía para emplearlos.
Aunque Hundrian bufó de nuevo por este contratiempo, Sakti no estuvo sorprendida. La época de la Virtuosa Maat fue posterior a la de la Virtuosa Sakti Allena; aunque Maat y sus súbditos vivieron en los túneles de Masca, nunca pudieron conectar con otras ciudades mediante los pasadizos subterráneos. Si eso fuese posible, ya Sigfrid y Enlil habrían salido de la Capital y recuperado Masca desde afuera.
Eso significa que tendrán que buscar una ciudad más cercana a Masca a la que puedan llegar mediante los túneles.
Eso les daría una ventaja contra los vanirianos. Aunque ellos notaran el uso de los trenes en la superficie, jamás sospecharían que los aesirianos se movilizaban bajo tierra. Parecía que ya tenían un buen plan para iniciar el rescate de la Capital, salvo que para utilizar los embriones en Tyr primero necesitaban que la sincronización de esa ciudad los ayudara a abrir la cámara de experimentación.
—Solo Kardan ha logrado sincronizarse con Tyr —apuntó Sakti—. La sincronización funciona diferente allí.
No te preocupes, Allena, la consoló la Emperatriz. Te daré los códigos de sincronización de Tyr. Con eso será más que suficiente para la pequeña tarea en esa ciudad.
—Ahora solo queda un punto que revisar antes de empezar los preparativos para ir a Masca —Adad miró a la Virtuosa a los ojos y dijo—: tu liberación.
Sakti había prometido liberar a la Emperatriz de Edén cuando la Ciudad Perdida se levantara del desierto, pero su nombramiento como regente y su participación en la manutención del desierto le daban un rol fundamental en un momento tan complicado para el Imperio entero.
—No puedo permitir que mi hermana te libere aún, porque necesitamos tu poder como nunca hemos necesitado antes a otro Virtuoso. Tampoco puedo prometerte que te liberaremos justo después de rescatar Masca, porque tenemos que garantizar que los vanirianos no vuelvan a ponernos en aprietos. Debemos regresar al Esplendor.
Además de revivir las ruinas del desierto, y las que Ryaul buscaría en el mar, debían conservar las maravillas de las ciudades de mármol y garantizar que no se perdieran de nuevo en la historia.
Edén y las demás ciudades cayeron después de mi muerte porque no había nadie que pudiera crear núcleos universales. Hasta los trenes, las paredes y los castillos flotantes necesitan actualizaciones de los núcleos, a veces incluso núcleos nuevos.
—Entonces encuentra a alguien que pueda crear esos núcleos y enséñale cómo hacerlos.
Ya lo hice.
La Emperatriz eligió a Nefer, la hija de Merkaid.
Durante toda su vida Nefer vivió a la sombra de sus primos y tíos porque no tenía el poder de las arenas ni un potencial mágico sobresaliente. Era más débil que un mago promedio, razón por la que hasta ella misma dudó de sus capacidades. En una época de paz, sin invasión vaniriana en el desierto, Nefer habría sido solo otra cifra de los cachorros muertos en la prueba de los quince. Habría sido solo una falla en el sistema.
Pero ahora no.
Precisamente porque casi no tiene magia puede aprender a hacer núcleos con carga neutra. Y porque tiene la sangre de un Aesir, también puede crear núcleos con carga definida.
Nadie supo cómo reaccionar a semejante noticia. Dereck y Adad estaban molestos porque Nefer empujó a Sakti por un precipicio, aunque a la princesa en realidad ya no le importaba. Hundrian estaba preocupado porque había un proceso judicial contra la niña. Merkaid estaba avergonzado de haber enviado a su hija a prisión sin consideración alguna y la mayoría de los príncipes estaban escépticos de las capacidades de Nefer.
Pero como en realidad no importaba lo que ninguno pensara, la Emperatriz los ignoró y eligió a la niña como su aprendiz.
—Entonces... oficialmente hemos acabado los planes.
Cuando Jaliar pronunció esas palabras, muchos suspiros de alivio escaparon de los labios de ministros, príncipes, arqueólogos y soldados por igual.
—Cambié de opinión —susurró Dagda al oído de Sakti mientras los demás abandonaban la sala—. El título militar es y siempre será solo una gran payasada.
Después de casi tres meses de reuniones todos estaban hartos; en especial los gemelos, que eran los más jóvenes e inquietos del grupo.
Allena. El susurro mental de la Emperatriz la detuvo. Mientras los gemelos y los demás salieron, Sakti avanzó hasta situarse a los pies del Hlidskjalf-2. Las dos Aesir se mantuvieron en silencio largo rato, incluso después de que se desvaneciera el eco de las puertas al cerrarse. Prométeme que volverás. La princesa asintió.
—Cuando regrese solo quedará un Trono y un Emperador. Volveré para acabarte. Volveré para enviarte al Reino de los espíritus.
Luego le dio la espalda y se marchó sin mirar atrás.
La Aesir no la detuvo, porque era una persona paciente. Esperó miles de miles de años para conocerla, para encontrar al fin a la persona que podría liberarla de Edén. Podía esperar un poco más.
Pronto iría tras Fafnir.
La Emperatriz reclinó la cabeza en el respaldo y convocó más cables de sincronización. Los hilos le traspasaron la piel de porcelana, pero no le provocaron chillones ni moretes. Inicia tarea, recitó ella. Tercer terremoto en camino. Los cables brillaron, la sala entera alumbró como una estrella, las paredes cimbraron con energía y, poco a poco, las sacudidas del tercer terremoto agitaron las bases de Edén para regresarlas a la superficie, bajo el sol y el cielo azul.
Allena cerró los ojos mientras los cables le chupaban la energía. Deseó que la dejaran seca para ya no ser necesaria, para que la princesa dragón no tuviera más excusas y la exterminara; sin embargo, también supo que su deseo sería ignorado.
Todo lo que le dieron los cables fue tiempo para ahogarse en los recuerdos de la persona que la urgía a morir de nuevo.


"Los Hijos de Aesir: Dos Tronos" © 2013-2014. Ángela Arias Molina

2 comentarios :

  1. Heme aqui de nuevo ^^
    Lamentablemente escribiendo este review tarde, así que no tengo derecho a quejarme por el preview u.u
    Por fin han avanzado en la recuperación de Masca! Aunque pensé que los príncipes negarían ayuda a la princesa por falta de personal hasta el final del libro.
    Pobre de Dereck, no solo tiene que cargar con la muerte de Lemuria, ahora a pesar de tener los nervios destrozados tiene que soportar a la erraticca de Sakti u.u (mis mas sinceras condolencias)
    Pero el gran impacto del capitulo fue Nefer, jajaja nunca me espere que su mera existencia ahora sea vital para el futuro del Reino de las Arenas.
    Bueno nos vemos luego, como siempre felicitaciones :`) Espero con ansias tu próxima entrega
    Que la salud y creatividad sean contigo! xD

    -Alex AJSP-

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    Respuestas
    1. Hola, Alex. Qué bonito verte por aquí de nuevo, ¡muchas gracias por leer! :D

      A Nefer le hice el favor de darle una tarea importante, para reivindicarla, porque una lectora me había pregunta si la pobre solo era un chivo expiatorio. Me dio lástima la niña y al final logré darle un rol más importante para su país, a la vez que ataba un cabo suelto. Resultó bien para las dos :)

      Nos leemos en la próxima entrega, que creo será más emocionante. ¡Saludos!

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Ojalá que me den CRITICAS CONSTRUCTIVAS para poder mejorar en mis escritos.
No es necesario que dejen su nombre, aunque se los agradecería para poder darle las gracias cada vez que publique de nuevo, ya que quiero dar crédito a las sugerencias que me hagan.
Gracias por tomarse su tiempito y honrarme con sus comentarios. =^_____^=

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