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Era raro partir. Cuando llegaron encontraron una costa inundada, llena de barcos naufragados y un escuadrón de alados para combatir contra una chica dragón. En ese entonces los recibió un paisaje sofocante, donde la arena se extendía por todo el horizonte. Ahora los despedía el cuadro pintado con una estructura de diferentes tonalidades –blanco, azul, celeste, zafiro–, interrumpida aquí y allá por alguna que otra duna.
Las torres, plazas, pueblos, carreteras y fortines de Edén sobresalían en el campo de visión de los viajeros. Algunos de los conglomerados más grandes eran ciudades enteras, a la espera del momento adecuado para desprenderse de las bases y subir al cielo. Algunas de estas ciudades ya tenían equipos de pobladores que habían iniciado el proceso de reanimación de los titanes.
—Es una suerte que Azor, Kimi y Greko siguieran el proceso del jardín del Edén —murmuró Sakti—. Cuando Adad regrese, la población de su reino habrá aumentado.
—¿Y tú? —le preguntó Darius—. ¿Regresarás también al Reino de las Arenas? —Sakti levantó el hombro derecho y ladeó la cabeza, indecisa. Todavía le dolía el izquierdo como para moverlo con naturalidad.
—A diferencia de él, yo no tengo otro rol cuando todo esto acabe. No tengo nada más que hacer.
—... Entonces... podrías quedarte con nosotros —sugirió Darius en un susurro para que Dereck no lo escuchara—. Cuando todo acabe en Masca, podrías ir con nosotros a Kehari.
Sakti otra vez levantó el hombro derecho y ladeó la cabeza, sin responder «sí» o «no» a la invitación. Darius suspiró. Era como si de nuevo estuvieran en Masca, aquella tarde cuando él intentó convencerla de que se escapara de la Capital y acompañara a los profetas a su nueva vida. Vaya, todo salió taaan mal entonces. Sakti decidió quedarse en Palacio y él fue condenado a muerte pocos días después por el supuesto asesinato de Enlil.
Desde ese entonces, ¿cuánto tiempo había pasado? Darius hizo las cuentas. Cinco años como prófugo, dos de viaje hacia el Reino de las Arenas y diez meses en el desierto. Uf. Casi ocho años en los que ocurrió muchísimo. Conoció a Connor, se re-encontró con los gemelos, se separó de Zoe, adoptó un grolien, recuperó a Drake, conoció a una Virtuosa, vio un país entero surgir de entre la arena y su mejor amiga perdió –otra vez– un brazo para salvar a uno de los chicos. Ah, claro, y él se estaba muriendo de a poquitos.
Apenas podía creer lo mucho que su vida había cambiado. Aun no sabía si para bien o para mal, pero se sentía como un hombre completamente distinto. Sakti también había cambiado mucho. Nadie se daba cuenta porque ella siempre fue callada, pero Darius la notaba más taciturna. Desde la fusión sentía que su amiga estaba sumergida en agua tan turbia que él apenas podía reconocerla. Se sentía fatal por eso. Le había prometido que la protegería, que la portadora y el Dragón no se fundirían, pero le falló.
Les falló a las dos.
—Cuando todo acabe en Masca —susurró Darius al oído de la chica—, debes venir con nosotros, Allena. Hay una forma de retroceder la fusión, lo sé. Cuando la encuentre te salvaré, lo juro.
—No se supone que me salves a mí —lo corrigió ella mientras lo miraba a los ojos—. A la que debes salvar es a tu amiga. Yo solo soy lo que queda de ella. Para salvarla tienes que destruirme. —La princesa apretó la baranda del barco y suspiró—. Tienes que destruirme. Es la única forma.
Darius se mordió la lengua porque todo era muy difícil. Sakti y Adad no eran Sakti y Adad. Insistían en eso una y otra vez. Decían que eran algo que nunca debió de haber existido, el resultado de una fusión que nunca debió haberse dado.
—Para recuperar a los príncipes y los Dragones —decía Sakti cada vez que tocaban el tema—, debes hacer que regresen al estado anterior a la fusión. Si el resultado de la fusión fuimos nosotros, entonces, si desaparecemos, quizá regresen los portadores y los Dragones.
Al principio Darius creyó que la fusión de la portadora y el Dragón era como el agua del mar, donde el agua dulce y la sal estaban tan mezcladas que era difícil separarlas.
—Pero sí se puede —le decía él para darle ánimos—. Con esfuerzo es posible separar la sal del agua.
Sin embargo, cada vez más se convencía de lo que esta nueva Sakti decía. No era agua de mar, sino algo completamente nuevo. A ella y a Adad les costaba muchísimo recordar el pasado y se confundían bastante en el presente. Al verlos, Darius tenía la impresión de que estaba frente a dos marionetas sin alma, hilos o titiritero, pero que subían siempre al escenario para actuar. Estaban vacíos, sin propósito o rol, pero se movían por la esperanza de que el profeta lograra traer de regreso a los portadores y los Dragones.
Darius no intentó animarla un poco más. Miró el puerto mientras se alejaban. Todavía faltaba que unas naves zarparan, pero lo harían dentro de unas horas para cerrar la formación. «Todo va a salir bien», pensó. «Todo va a salir bien».
Antes de que los vanirianos atacaran la Academia de las Arenas, el rector –el príncipe Jaliar– logró que los buques de guerra de la Academia se dirigieran al archipiélago que estaba en el mar sur. Poco después de que Edén resurgiera, los buques regresaron con una grandiosa cantidad de guerreros, agua y comida. Además, la Virtuosa –con ayuda de la energía de Adad y Sakti– logró reparar varias conexiones sincrónicas con otras ciudades que se acoplaron a Edén hacía milenios. Algunas de estas urbes se especializaron en la investigación y el comercio marítimos, y tenían naves de todos los tamaños y estilos.
Fue sencillo adaptar algunos de estos barcos, convertirlos en buques de guerra y sumarlos a los de la Academia. Con los soldados rescatados, más varios titanes reanimados, se consolidó una fuerte armada marítima que partiría rumbo al continente principal. Los buques más grandes lideraban y franqueaban la formación, mientras que las naves más pequeñas permanecían en el medio para ser protegidas en caso de que se encontraran con alguna nave vaniriana durante el recorrido.
Era un buen espectáculo. Hasta Darius, que no sentía mucha simpatía por los militares, admitía que le gustaba mucho ver las naves que rodeaban la suya y reconocer los uniformes de los soldados en las cubiertas. Lástima que Masca no tenía un acceso al mar. De lo contrario podrían recuperarla con la flota.
La mejor parte era que no tenía remordimientos de consciencia. Aunque los vanirianos todavía daban problemas en el este del desierto, los soldados que quedaban en el Reino de las Arenas eran suficientes para protegerlo, ya que contaban con la ayuda de las herramientas Fafnir. Además, todavía quedaban muchos titanes dormidos. Cuando los reanimaran, el desierto tendría una buena población lista para reproducirse.
Sakti suspiró –últimamente lo hacía con frecuencia y melancolía– y se alejó de la baranda. Darius tenía una idea de qué quería hacer la chica. Aunque ya habían pasado casi seis meses desde que perdió el brazo, todavía tenía licencia para hacer lo que quisiera. Podría visitar los establos con las esfinges cachorras para participar de su adiestramiento antes de que llegaran a Masca. Podría ir al campo de entrenamiento para practicar esgrima y recuperar la forma. O podría quedarse en los pasillos, conversando con algunos titanes para conocerlos mejor. Si quería aprovecharlos adecuadamente en el rescate a Masca, debía saber de lo que eran capaces.
Darius también tenía licencia para hacer lo que quisiera, excepto por Connor, quien se lo impedía. Al chico le daba un ataque cada vez que Darius acariciaba un cachorro de esfinge –«¡Si sigues así, la herida se infectará de nuevo!»– y cuando se acercaba al campo de entrenamiento –«Si levantas una sola espada, se te va a abrir la herida y yo me voy a enojar mucho, mucho, mucho...»–. No tenía problemas con que tratara a los titanes... siempre y cuando no permaneciera en pie por mucho tiempo, ni se insolara, ni... ¡Ah! ¡Un sinfín de peros! Darius se preguntó en qué momento Connor se convirtió en el padre y él en el hijo obediente que no quería contradecirlo so pena de castigo.
Se alejó de la baranda y suspiró también porque Connor ya estaba encima de él, guiándolo como si no pudiera ver el camino o como si estuviera a punto de caerse. Sí, de acuerdo, no estaba tan bien como le gustaría, ¡pero ya podía levantarse de la cama, ir al baño, comer y andar por su cuenta! ¡Ya estaba mucho mejor!
—Connor, en serio, relájate —le dijo entre dientes. Sabía que su hijo estaba preocupado y quería protegerlo, ¡pero se excedía en sus cuidados!—. No soy un minusválido ni un anciano.
—Mejor deja que un doctor haga esa evaluación, papá —respondió el chico.
Darius se mordió las mejillas, respiró profundo y contó hasta diez. Si se enojaba era posible que la herida del abdomen le sangrara un poquito y eso sería el equivalente a que Connor lo regañara y lo arropara en la noche como si fuera un bebé.
Dereck, que iba al lado como escolta de Sakti, soltó una risita burlona. Se calló a una mirada de Connor. Ahora era el turno de Darius de sonreír. En serio, ¿en qué momento ganó Connor tanta autoridad sobre ellos? Nunca nadie lo contradecía, ni siquiera Sakti.
Kel lo obedecía sin rodeos. Los gemelos lo adoraban pero temían sus coscorrones. De ahí que no se atrevieran a ser muy traviesos cuando Connor estaba cerca. Darius y Dereck evitaban enojarlo. Sakti llegaba tarde a algunas reuniones de estrategia con sus tíos, pero siempre, siempre, era puntual a las citas médicas con el chico. Y Drake lo seguía de un lado a otro como si fuera un perro guardián. ¡Maldita sea! ¡Eran la corte del rey Connor! Ah... Tal vez Connor y el Emperador deberían intercambiar notas sobre cómo ganarse la lealtad de la gente.
—Bien, Alteza, ¿qué desea hacer ahora? —preguntó Dereck para evadir la mirada de cierto chico profeta.
—¡Práctica, práctica! —dijeron los gemelos a la vez—. Desde hace dos días no entrenamos juntos.
Dagda y Airgetlam no eran fanáticos del entrenamiento militar, pero les gustaba mucho practicar con Sakti. Después de todo, no siempre se podía entrenar con una heroína de guerra para prepararse a salvar la ciudad donde estaba la hermanita a la que tanto extrañaban.
A Darius le habría preocupado que sus hijos entrenaran con la chica que era capaz de desaparecer en un parpadeo y decapitar al siguiente. Pero desde que perdió el brazo, Sakti no era tan eficiente. La princesa se había acostumbrado a defender con la indestructible garra de Dragón. La precaución de sus primeros encuentros –los que tuvo en el Oeste, de camino a Lahore– fue sustituida por una temeridad exitosa. Con la garra de Dragón, Sakti no tuvo miedo de acercarse a los groliens –que eran los combatientes más rudos– y lidiar con ellos.
Ahora, sin el brazo izquierdo, le quedaba esperarlos en la retaguardia o huir de ellos. Una chica tan baja y menuda como ella no tenía muchas oportunidades en la batalla, a no ser que tuviera alguna ventaja como la garra de Dragón. Como la había perdido debía aprender un nuevo estilo de combate. Todavía le quedaban la piroquinesis, las esencias y la espada de la Virtuosa para luchar, pero la magia era insuficiente para acabar con los groliens y la espada necesitaba agilidad para ser efectiva.
Sakti se mataba practicando con los gemelos y Dereck para recuperar la confianza en batalla. Darius los había visto entrenar en varias ocasiones y sabía que su amiga se estaba superando. Pero ya no le parecía tan terrorífica como hacía años. El profeta se consoló con la idea de que con la fama de Princesa Carmesí, los vanirianos evitarían enfrentarla a toda costa.
Sakti asintió a la sugerencia de los gemelos. Como estaban en lo alto de la superestructura del buque, justo afuera de la cámara de navegación, Dagda y Airgetlam se deslizaron por unas escaleras externas para bajar hacia un salón en los pisos inferiores de la nave. La princesa estuvo a punto de seguirlos, pero el viento sopló con tanta fuerza que a Darius le dio la impresión de que le cortaba la piel.
Si él tuvo que retroceder un paso por el vendaval, supuso que el viento casi levanta a Sakti. La miró alarmado, porque ella solo tenía un brazo para aferrarse a la baranda. Se caería si no estaba preparada para sostenerse. Antes de que él o Dereck pudieran avanzar para sostenerla, ya Connor había saltado para agarrarla de la muñeca.
Connor calculó mal y se lanzó a la izquierda de Sakti, justo donde la chica no tenía brazo. El que terminó haciendo maniobras al borde de las escaleras fue él, pues la princesa había logrado sostenerse a la baranda. Connor estuvo a punto de irse de narices. Antes de que el chico cayera sobre los gemelos, Sakti dio un paso atrás, se mantuvo firme y estiró el brazo para agarrarlo de la camisa. Lo jaló y lo salvó de un costalazo.
Darius soltó un suspiro de alivio. Connor siempre lo regañaba porque no se cuidaba la herida, ¡pero no tenía derecho a reñirlo si él mismo se ponía en peligro a cada instante!
¡Este era el momento que había estado esperando, el instante donde regañaría un poquito a su hijo, tomaría su lugar como padre y restablecería el balance del Universo! Se arrepintió cuando vio que Connor estaba muy pálido. El pobre se había llevado un susto de muerte.
—... L-lo siento... —murmuró el chico. Sakti alzó el hombro derecho y ladeó la cabeza.
—Solo ten más cuidado.
Connor comenzó a llorar. Unas cuantas lagrimillas se le escaparon de los ojos y le cayeron en las mejillas. Después ya no se pudo controlar. Se le sacudieron los hombros, se le hizo un nudo en la garganta y las manos le temblaron mientras intentaba secarse las mejillas. Entre más se restregaba los ojos más lágrimas le salían.
Al principio Sakti se quedó muda, sin saber cómo reaccionar. Darius se preguntó si esta Sakti recordaba todas las veces que lo vio llorar a él y cómo lo consolaba en silencio, con una caricia en el cabello o un abrazo mudo. Ahora la princesa solo pudo ladear la cabeza y mirar a Connor otro rato sin decir palabra alguna. Cuando al fin encontró algo que decir, Sakti primero se asomó por las escaleras y contó los peldaños en voz baja.
—No hay de qué asustarse. Aunque te hubieses caído no te habrías lastimado mucho. —Connor negó con la cabeza e hizo un ruido extraño, como si una mano invisible le apretara la garganta—. Dagda y Airgetlam te habrían atajado. —Connor gimió de nuevo—. No te quedaría ni una marca...
—Allena —la interrumpió Darius—. Él no está llorando ni pidiendo perdón por lo que acaba de pasar. Se refiere a lo otro.
Darius se tocó el hombro izquierdo a la vez que miraba el de Sakti. La princesa pilló a qué se refería, pero lo miró como si no lo comprendiera. Para ella, eso era agua debajo del puente.
Si Darius hubiese tenido que decidir entre cortarse un brazo y dejar morir al chico doctor, habría hecho lo primero sin dudar. Sakti solo tomó la decisión lógica, lo que cualquiera habría hecho por Connor; para nadie habría representado un gran sacrificio si era por él. Pero eso no cambiaba que a Connor le costaba ver el hombro de la princesa y saber que ella se mutiló por su culpa.
Un pesado silencio cayó sobre el grupo. Con excepción de los sollozos de Connor, nadie se atrevió siquiera a respirar. Ni los gemelos tenían un chiste que contar ni Dereck tenía un comentario sarcástico que compartir. La única que podía decir algo era la princesa. Cuando ella estuvo a punto de abrir la boca, alguien la interrumpió:
—Connor, de verdad que eres molesto.
Era Drake. El sicario hablaba muy pocas veces, en especial si Darius estaba cerca, pero tenía facilidad para expresarse con las muecas que hacía. A veces arrugada la nariz, entrecerraba los ojos, enarcaba una ceja, se mordía un labio o soltaba una pequeña sonrisita pícara. Con eso era suficiente para saber si estaba enojado, si planeaba algo o si estaba satisfecho. En esta ocasión giró los ojos y puso una mano sobre la cadera, fastidiado.
—No debes decir «Lo siento» —explicó el peli-rosado—. Debes dar las gracias. Es lo apropiado cuando un amigo te hace un favor. —Connor lo miró un par de segundos, luego miró otra vez a Sakti y balbuceó algo, pero Drake bufó descontento—. ¿Das las gracias llorando? ¡Joder! Si me hubiese cortado un brazo para salvarte y luego me lo pagases con lloriqueos, te rompería la cara.
A Darius le hizo gracia la expresión en el rostro de Connor, porque pareció a punto de entrar en pánico. Cada vez había menos en él de aquel chiquillo inocente que conoció en una cantina. Pero de vez en cuando volvía a ser el pequeño Connor. Como ahora, que no sabía cómo dar las gracias apropiadamente a Sakti.
Al ver que Connor no lo haría como correspondía, Drake giró otra vez los ojos y soltó un bufido de fastidio.
—Pon atención —le dijo—. Así es como se hace. —El sicario se acercó rápidamente a Sakti y se plantó delante de ella—. Muchas gracias por salvar la vida de mi hermanito. Nunca podré pagártelo. —Le rodeó la cintura con un brazo, la acercó a él y...
La besó.
A Darius se le puso el cabello de punta. ¿Qué demonios estaba viendo? ¿Qué... qué... qué...? Habría creído que alucinaba de no ser porque el pelaje de Kel –que estaba a su lado– se erizó, o porque Connor pegó un brinco, se llevó las manos a la boca y se puso colorado hasta las orejas, o porque escuchó un grito tan agudo que casi se queda sordo. Dereck –que también estaba cerca de él– y los gemelos gritaron juntos, como si acabaran de ver cucarachas o ratas gigantes en la comida.
Drake ignoró las reacciones del grupo y se tomó su tiempo para «agradecer» a Sakti. Cuando finalmente se separó, le acarició la barbilla con una sonrisita pícara y le dijo:
—Si no te pareció suficiente, con gusto te «agradezco» cuando quieras y donde quieras. —Luego se giró a Connor y le dijo—: ¿Pusiste atención? Ahora es tu turno.
Connor retrocedió varios pasos, encendido como un farol y todavía con las manos sobre la boca. Drake giró otra vez los ojos para reñirlo, pero entonces alguien le lanzó un golpe desde la retaguardia. El sicario, ágil como era, esquivó el ataque de Dagda con un simple paso.
—¡Maldito bastardo! —gritó el gemelo—. ¡¿Cómo te atreves?!
—¿Sabes que venimos de la misma mujer y el mismo hombre? —soltó Drake mientras se veía las uñas como si la cosa no fuera con él—. Si me llamas bastardo, también te pones ese adjetivo tan encantador.
—¡Maldito sinvergüenza! —gritó Airgetlam mientras subía de dos en dos los peldaños para darle un coscorrón a Drake—. ¡Te aprovechas de una chica indefensa con una excusa patética! ¡Eres--- eres--- eres---!
—¿Un sinvergüenza? —lo retó el sicario. La sonrisita pícara le bailaba en los labios—. Bien, eso no puedo negártelo. ¿Celoso?
Los gemelos gritaron frustrados y se lanzaron sobre él. Drake los burló con pasos rápidos, como si bailara. Se acercó a la baranda, se agachó justo cuando los chicos lo alcanzaron, los agarró del pantalón y los lanzó uno después del otro. Dagda y Airgetlam cayeron al pasillo inferior. Como todavía le gritaban improperios era obvio que estaban muy bien.
—¿De verdad entrenas con esos dos? —Drake negó con la cabeza—. Si quieres hacerte más fuerte, busca alguien mejor que ese par. Si te interesa, te puedo enseñar varios movimientos. Ya sabes dónde está mi camarote, ¿verdad?
El muchacho le guiñó un ojo a Sakti antes de saltar hacia atrás para evadir la embestida de Dagda, quien subió de nuevo por la revancha. Cuando cayó al piso inferior, Drake burló a Airgetlam y empezó a alejarse. Los gemelos no tardaron en seguirlo a toda marcha. Cada vez que lo alcanzaban, el sicario hacía piruetas y evadía golpes. Al ver que los tres se alejaban corriendo, a Darius le dio la impresión de que se llevaban mejor. Era como si jugaran, igual que en los viejos tiempos.
—Alteza —llamó Dereck.
Cuando se giró para verlo, Darius vio que el Guardián apretaba los puños, tenía el rostro tenso y un par de venas latían en la frente y el cuello. Oh. Estaba muy cabreado.
—¿Cómo quiere que proceda? ¿Lo atrapo, lo ato hasta cortarle la circulación y que se le caigan las muñecas? ¿Lo desnudo para que usted lo azote? ¿Le abro la boca para que usted le corte la lengua? ¿O quizá...?
—¡Dereck! —chilló Darius—. ¡Es mi hijo, ¿cómo se te ocurre torturarlo así?!
—¡Es mi protegida! —gritó a su vez Dereck—. ¡¿Cómo se le ocurre a él corromperla de esa forma?!
Darius miró a Sakti, pero la muchacha no parecía «corrompida». Es más, no podía decir si estaba molesta por la osadía de Drake o si le había agradado el beso. Quizá todavía no procesaba lo que había ocurrido. Dereck siguió:
—¡Todo es culpa tuya!
—¿Mía? ¿De qué estás hablando?
—Sí, sí, ya lo entiendo —dijo el Guardián mientras entrecerraba los ojos sobre Darius—. Siempre me he preguntado como un tipo como tú tiene tanta suerte con las mujeres. En realidad utilizas una fachada, ¿no? ¿Cómo es que un chico tímido, que ni se atreve a ver a una mujer a los ojos, entra a una familia de cinco bellezas y se casa con la más bonita, ah? Incluso en Palacio las mucamas hasta entraban en una lista de espera para atenderte, ¡y eso que eras todo un maldito cascarrabias!
Darius se sonrojó. ¿En serio las sirvientas hacían fila? No, tenía que ser un error. Cuando miró a Sakti vio que la chica asentía pensativamente, con los ojos entrecerrados sobre él. La princesa lo miraba de arriba a abajo, como si esperara descubrir un secreto tenebroso.
—Entre Connor y los gemelos hay solo como seis años de diferencia. ¿Podrías explicarme cómo es que un tipo «tímido» tiene seis hijos en seis míseros años? ¡Al Diablo con eso de que eres tímido! ¡Eres un sinvergüenza, un lobo disfrazado de cordero! ¡Eres un maldito pervertido y es hereditario! ¡Se lo pegaste a Drake!
Darius abrió mucho la boca, incapaz de coordinar palabras bajo esa acusación tan horrible. Por su parte, Sakti asintió y miró a su amigo con una ceja enarcada.
—Eso explica muchas cosas —se limitó a decir la princesa.
Darius no sabía si reír o llorar. «Diablos, Allena, ¡eres mi mejor amiga! ¡Me conoces mejor que eso! ¡Sabes que no soy ningún pervertido!». Sakti tenía una mirada extraña que le había visto a lo largo de los últimos seis meses, cuando recordaba sucesos que no habían ocurrido. Darius jamás estuvo tan seguro como en ese momento de que la muchacha simplemente alucinaba.
Dereck se colocó delante de la princesa para escudarla de Darius y Connor.
—De ahora en adelante a todos ustedes les queda prohibido acercársele sin mi consentimiento. En especial a ti, Connor.
—¿Eh? ¿Por qué yo? ¡No soy un pervertido como papá y Drake! —Darius quiso tirarse de un puente.
—¿Estás bromeando? Tu padre me engañó con esa fachada de «tipo tímido» durante años. ¡La tuya es mucho más peligrosa, porque es la fachada de «chico dulce e ingenuo»! ¡Y Darius tuvo dos camadas seguidas de mellizos! ¿Qué se supone que haga si mi princesa se llena de pequeños principitos?
—... Dereck, eres un idiota —sentenció Darius con furia.
Luego se lo pensó mejor. ¿Qué sabía él de Drake? Nada, en realidad, pero le parecía un chico que hacía lo que le gustaba. Darius sospechaba que detrás de ese beso había mucho más que simple «agradecimiento», pero no sabía si era solo lujuria –¿Para qué negarlo? Incluso sin un brazo, Sakti era más atractiva que un montón de soldados sudorosos– o algo más profundo. Solo por si acaso debía colaborar con Dereck para que el peli-rosado no se tomara otras libertades con la princesa. Aunque, si lo pensaba mejor, si Drake quisiera algo más quizá ya lo habría tomado. No habría esperado seis meses para reclamar un beso.
—Lo siento, Allena —se disculpó—. Te juro que no lo heredó de mi lado. Él se parece mucho a su madre, no solo en apariencia. —Darius sonrió por la memoria de una noche de verano—. Él también es un roba-primer-besos.
Dereck murmuró que ya no caería más en los engaños de Darius, aunque el profeta dudaba de que el soldado en verdad lo creyera un pervertido. Probablemente solo lo dijo para reponerse a la impresión de ver a Drake besando a Sakti. En cambio, la princesa miró largo rato a su amigo. «¿De verdad no me crees, Allena? ¡No soy un pervertido!», quiso gritarle. La muchacha enarcó una ceja y preguntó:
—¿Y a ti quién te dijo que ese fue mi primer beso?
Miró a Darius como si esa fuera la idea más ridícula del mundo. Luego dio media vuelta y bajó las escaleras para ir a entrenar.
El profeta se estremeció y sintió un nudo en el estómago. ¿Sentiría eso cuando Zoe le dijera que ya había besado a un chico? Si no fuera porque creía saber quién se le adelantó a Drake, desearía regresar a Masca para patearle el trasero a la larga lista de cortesanos que el Emperador envió para que la muchacha se olvidara de cierto mensajero.
Cuando vio a Dereck, se dio cuenta de que él pensaba lo mismo. El Guardián tenía la boca un poco abierta y se había llevado una mano al pecho, como si acabaran de romperle el corazón.
—Lo sé, lo sé... —murmuró Darius mientras le daba unas palmaditas en el hombro para consolarlo—. Lo sé.



"Los Hijos de Aesir: Dos Tronos" © 2013-2017. Ángela Arias Molina

2 comentarios :

  1. Hola! Como has estado?

    Con lo apurado que estuve la ultima vez que realice el rewiew, no salude, ni me despedí y hasta se me olvido preguntar por las imágenes alusivas ._. pensé que era cosa de un capitulo pero veo que este tampoco va, lastima D: me agradaba como describían las características de los personajes o la carga emocional que podia albergar un capitulo en general.

    ... "¡Eres un maldito pervertido y es hereditario!¡Se lo pegaste a Drake!" varias lagrimas han quedado luego de leer esas lineas, pues excelente cap xD casi he muerto de risa con los comentarios de Dereck y las reacciones de todos, sobre todo las de Darius al no recibir apoyo ni siquiera de Sakti. Si se pone de moda esa forma de agradecimiento me imagino que a mas de uno lo dejaran mirando estrellas pero que se le hace! jajaja.
    La actualización salio tarde? o es que yo al darle siempre a inicio no me lleva a la pagina que es y solo es accesible desde Google =S Aunque he de admitir que me ha parecido mejor no haber tenido ninguna pista acerca de este capitulo xD
    Ejem! Bueno muchas Gracias por el capitulo! ;) y espero con ansias la apertura de el nuevo arco.

    -Alex Ajsp-

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    Respuestas
    1. ¡Hola, Alex! Muchas gracias por tu comentario. La verdad... ¡es que en este interludio me divertí muchísimo a costa del pobre Darius! Al pobrecito lo molesto porque es mi personaje favorito, jeje. Me alegra también que el texto haya cumplido su objetivo: cortar la tensión. Es un respiro antes de una nueva batalla.

      En cuanto a lo que preguntas: no, la actualización salió a tiempo. Es solo que se me olvidó (otra vez) traer el preview, así que de eso no hay ni rastro de actualización. Si de algo te sirve, cada vez que querás ver cuál es el último capítulo publicado hacé esto:

      1) mirá el menú superior,
      2) colocate en el botón "La saga" para desplegar las opciones y
      3) da clic en la última opción: "Último capítulo publicado".

      Automáticamente te lleva a la blognovela, con el último capítulo colgado.

      ¡Suerte y muchas gracias! Un abrazo ;)

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